sábado, 14 de febrero de 2026

SOMOS FIDEL

En Marinaleda con Katarina Kuzmanovic, hermana de lucha
En Marinaleda con Katarina Kuzmanovic, hermana de lucha

Gracias a un encargo de mi querida amiga y reconocida escritora Elsa Vega, quien hace dos semanas me pidió que le enviara mi opinión sobre Fidel para incorporarla en uno de sus trabajos, he descubierto con agrado lo que a continuación describo. Es una síntesis necesariamente incompleta, porque el lenguaje, a veces, no alcanza.

Para mí, Fidel era la voz clandestina de Silvio en mi casa, mientras una niña de tres años corría gritando o cantando al unísono “libertad”, en un tiempo en que, en mi país —Bolivia—, esa palabra, esa canción y hasta esa forma de pensar estaban prohibidas por la dictadura.
Esa niña era yo. Años más tarde conocí Cuba, a Fidel y al Che a través de los ojos de mi tío, que acababa de regresar de la isla y traía consigo historias de niños que iban a la escuela y eran felices porque podían hacerlo, porque no tenían que trabajar para sobrevivir al hambre, como ocurría en mi país. Fidel era, para mí, ese mundo maravilloso y posible del que me hablaba mi tío.

Fidel es también mi sueño —y casi me atrevo a decir que un sueño colectivo—, el de los pueblos del mundo que desean pensar y decidir su destino sin pedirle permiso a nadie; de quienes saben lo que significan la justicia humana y la lucha constante. Es el sueño de que, algún día, el ejemplo de la Revolución cubana se expanda por el mundo y llegue también a nuestra casa, porque ese día habremos aprendido a respetarnos entre los pueblos y a trabajar juntos para avanzar hacia un mundo más soberano, más humano y más solidario.

Porque Fidel es un ser humano, como tú y como yo, que junto a un puñado de hombres y mujeres —también como tú y como yo— hizo una revolución. Gracias a esa revolución heredé de mi tío el amor por esa isla y por toda la humanidad.
Porque Fidel, un ser humano como nosotros, es la prueba de que un mundo mejor es posible.


🇬🇧 WE ARE FIDEL

Thanks to a request from my dear friend and renowned writer Elsa Vega, who two weeks ago asked me to send her my thoughts about Fidel to include in one of her works, I have gladly discovered what I describe below. It is an inevitably incomplete synthesis, because language sometimes falls short.

For me, Fidel was the clandestine voice of Silvio in my home, while a three-year-old girl ran about shouting or singing in unison the word “freedom,” at a time when, in my country—Bolivia—that word, that song, and even that way of thinking were forbidden by dictatorship.
That girl was me. Years later, I came to know Cuba, Fidel, and Che through the eyes of my uncle, who had just returned from the island carrying stories of children who went to school and were happy because they could do so, because they did not have to work to survive hunger, as happened in my country. Fidel was, to me, that marvelous and possible world my uncle spoke of.

Fidel is also my dream—and I would almost dare to call it a collective one—the dream of people across the world who wish to think and decide their destiny without asking anyone’s permission; people who understand what human justice and constant struggle mean. It is the dream that one day the example of the Cuban Revolution will spread across the world and reach our own home, because on that day we will have learned to respect one another among nations and to work together toward a more sovereign, more humane, and more compassionate world.

Because Fidel is a human being, like you and me, who together with a handful of men and women—also like you and me—made a revolution. Thanks to that revolution, I inherited from my uncle a love for that island and for all humanity.
Because Fidel, a human being like us, is proof that a better world is possible.


🇳🇱 WIJ ZIJN FIDEL

Dankzij een verzoek van mijn dierbare vriendin en gerenommeerde schrijfster Elsa Vega, die mij twee weken geleden vroeg haar mijn mening over Fidel te sturen om die in een van haar werken op te nemen, heb ik met vreugde ontdekt wat ik hieronder beschrijf. Het is onvermijdelijk een onvolledige samenvatting, omdat taal soms tekortschiet.

Voor mij was Fidel de clandestiene stem van Silvio in mijn huis, terwijl een meisje van drie jaar rondrende en tegelijk “vrijheid” riep of zong, in een tijd waarin in mijn land —Bolivia— dat woord, dat lied en zelfs die manier van denken door de dictatuur verboden waren.
Dat meisje was ik. Jaren later leerde ik Cuba, Fidel en Che kennen door de ogen van mijn oom, die net van het eiland was teruggekeerd en verhalen meebracht over kinderen die naar school gingen en gelukkig waren omdat ze dat konden doen, omdat ze niet hoefden te werken om hun honger te stillen, zoals in mijn land. Fidel was voor mij die wonderlijke, maar mogelijke wereld waarover mijn oom vertelde.

Fidel is ook mijn droom —en ik durf bijna te zeggen: een collectieve droom—, de droom van volkeren overal ter wereld die willen denken en hun eigen lot bepalen zonder iemand om toestemming te vragen; mensen die weten wat menselijke rechtvaardigheid en voortdurende strijd betekenen. Het is de droom dat het voorbeeld van de Cubaanse Revolutie zich ooit over de wereld zal verspreiden en ook ons huis zal bereiken, want op die dag zullen wij hebben geleerd elkaar te respecteren en samen te werken aan een meer soevereine, menselijkere en solidaire wereld.

Want Fidel is een mens, zoals jij en ik, die samen met een handvol mannen en vrouwen —ook zoals jij en ik— een revolutie heeft gemaakt. Dankzij die revolutie erfde ik van mijn oom de liefde voor dat eiland en voor de hele mensheid.
Want Fidel, een mens zoals wij, is het bewijs dat een betere wereld mogelijk is.


🇵🇹 SOMOS FIDEL

Graças a um pedido de minha querida amiga e reconhecida escritora Elsa Vega, que há duas semanas me solicitou que lhe enviasse minha opinião sobre Fidel para incorporá-la em um de seus trabalhos, descobri com alegria o que descrevo a seguir. Trata-se de uma síntese necessariamente incompleta, porque a linguagem às vezes não é suficiente.

Para mim, Fidel era a voz clandestina de Silvio em minha casa, enquanto uma menina de três anos corria gritando ou cantando em uníssono “liberdade”, num tempo em que, em meu país —Bolívia—, essa palavra, essa canção e até essa forma de pensar eram proibidas pela ditadura.
Essa menina era eu. Anos depois, conheci Cuba, Fidel e Che através dos olhos de meu tio, que acabara de voltar da ilha trazendo histórias de crianças que iam à escola e eram felizes porque podiam fazê-lo, porque não precisavam trabalhar para sobreviver à fome, como acontecia em meu país. Fidel era, para mim, aquele mundo maravilhoso e possível de que meu tio falava.

Fidel é também o meu sonho —e quase me atrevo a dizer que é um sonho coletivo—, o sonho dos povos do mundo que desejam pensar e decidir seu destino sem pedir permissão a ninguém; que sabem o que significam a justiça humana e a luta constante. É o sonho de que, um dia, o exemplo da Revolução Cubana se espalhe pelo mundo e chegue também à nossa casa, porque nesse dia teremos aprendido a respeitar-nos entre os povos e a trabalhar juntos para avançar rumo a um mundo mais soberano, mais humano e mais solidário.

Porque Fidel é um ser humano, como você e eu, que junto com um punhado de homens e mulheres —também como você e eu— fez uma revolução. Graças a essa revolução herdei de meu tio o amor por aquela ilha e por toda a humanidade.

Porque Fidel, um ser humano como nós, é a prova de que um mundo melhor é possível. 

viernes, 9 de enero de 2026

LA FUERZA DE LA CAMARADERÍA - La unión como principio, la humanidad como bandera.

Vídeo del 10-01-2025 (a un año de la juramentación)


A lo largo de la historia, la resistencia de los pueblos ha sido una lucha constante. El enemigo es el mismo, y los pueblos siguen dándonos lecciones desde el dolor. No dejan de enseñarnos los principios básicos de la revolución, la liberación y la dignidad. Pero ¿cuánta gente tiene que morir para que, de una vez por todas, aprendamos?

Los recientes mártires, soldados, cubanos y venezolanos, que dieron la vida en defensa del presidente Nicolás Maduro, nos han dejado una clara lección de camaradería: esa que no solo se viste de bandera, sino que la lleva en el corazón, porque su misión es más fuerte. Dar la vida por tu patria es un acto valiente, pero dar la vida por la revolución no solo es de valientes, sino también de sabios: de aquellos que comprendieron que el enemigo es tan grande que solo unidos podremos vencer.

Venezuela y Cuba, dos hermanas que no se rinden, se cuidan mutuamente y se respetan. No se imponen una a la otra, no se pisan ni se opacan, y defienden sus revoluciones, que no son idénticas, pero avanzan en la misma dirección. Basta imaginar lo fuertes que seríamos si los pueblos nos uniéramos bajo los principios que hermanan a Venezuela y Cuba. Gritamos en las calles: “El pueblo unido jamás será vencido”, aunque mi amigo y camarada palestino corregiría diciendo: “Los pueblos unidos jamás serán vencidos”.

Nos han llenado tanto de individualismo, meritocracia y egoísmo que cada intento colectivo muere antes de nacer, por la necesidad de protagonismo de algunos y por la incapacidad de comprender que no son los factores externos ni la línea política lo que realmente nos une. Al contrario, muchas veces eso tiende más a desunir que a unificar. La división es fácil; por eso el poder se concentra en unos pocos.

A una semana del secuestro, la unidad del pueblo venezolano y su compromiso chavista con el gobierno se han convertido en la clave de la supervivencia y la resistencia. Esa unidad —tan temida por quienes buscan fracturarla— ha sido blanco de ataques constantes desde las redes sociales, dirigidos por actores que ya conocemos, que intentan y seguirán intentando quebrarla mediante rumores y campañas de desinformación destinadas a sembrar dudas y a desprestigiar el legado gubernamental del presidente Nicolás Maduro y de la presidenta interina Delcy Rodríguez. Sin embargo, una vez más, el pueblo ha demostrado la sabiduría suficiente para mantenerse unido, incluso frente a la adversidad y a la amenaza permanente.

El día que entendamos que lo que nos une es algo más básico y más sencillo, llamado “humanidad”, habremos dado el primer paso. Mientras no comprendamos que unirnos es hacer de las luchas ajenas nuestra propia lucha, no habrá verdadera revolución. La verdadera revolución es asumir como propia aquella causa que el sistema quiere que veamos como lejana y ajena.

Los soldados cubanos no murieron defendiendo una revolución ajena: defendían su revolución, que es también la nuestra, una revolución sin fronteras ni banderas. Mientras no seamos todos palestinos, venezolanos, cubanos, sudaneses, nigerianos, congoleños —en fin, pueblos unidos— y mientras sigamos dejándonos dividir, no venceremos.


🇳🇱 

De kracht van kameraadschap

Eenheid als principe, menselijkheid als vlag.

Door de geschiedenis heen is het verzet van de volkeren een voortdurende strijd geweest. De vijand is steeds dezelfde, en toch blijven de volkeren ons, door hun pijn heen, lessen geven. Ze blijven ons de basisprincipes van revolutie, bevrijding en waardigheid leren. Maar hoeveel mensen moeten er nog sterven voordat we eindelijk leren?

De recente martelaren — soldaten uit Cuba en Venezuela, die hun leven gaven ter verdediging van president Nicolás Maduro — hebben ons een krachtige les in kameraadschap nagelaten: een kameraadschap die zich niet alleen in vlaggen hult, maar die diep in het hart wordt gedragen, omdat de missie zwaarder weegt dan alles. Je leven geven voor je vaderland is moedig, maar je leven geven voor de revolutie is niet alleen moedig, het is ook wijs. Het zijn de wijzen die begrepen hebben dat de vijand zo groot is dat we hem alleen samen kunnen verslaan.

Venezuela en Cuba, twee zusterlanden die niet opgeven, zorgen voor elkaar en tonen wederzijds respect. Ze dringen elkaar niets op, lopen elkaar niet voor de voeten en overschaduwen elkaar niet. Hun revoluties zijn niet identiek, maar ze gaan wel dezelfde kant op. Stel je eens voor hoe sterk we zouden zijn als de volkeren zich zouden verenigen rond de waarden die Venezuela en Cuba verbinden. Op straat roepen we: “El pueblo unido jamás será vencido”, maar mijn Palestijnse vriend en kameraad zou zeggen: “De volkeren verenigd zullen nooit worden verslagen.”

We zijn zo doordrenkt geraakt van individualisme, meritocratie en egoïsme dat elke gezamenlijke poging sterft voordat ze goed en wel begint — door de drang naar persoonlijke glorie bij sommigen en het onvermogen om te begrijpen dat het niet externe factoren of politieke lijnen zijn die ons werkelijk verbinden. Integendeel, vaak verdelen ze ons meer dan dat ze ons verenigen. Verdeeldheid is makkelijk; daarom concentreert de macht zich in handen van enkelen.

Een week na de ontvoering is de eenheid van het Venezolaanse volk en zijn chavistische betrokkenheid bij de regering uitgegroeid tot de sleutel van overleving en verzet. Die eenheid — zo gevreesd door wie haar wil breken — ligt onder vuur via sociale media, aangestuurd door bekende actoren die haar proberen te ondermijnen met geruchten en desinformatiecampagnes om twijfel te zaaien en het regeringsnalatenschap van president Nicolás Maduro en waarnemend president Delcy Rodríguez in diskrediet te brengen. Toch heeft het volk opnieuw de wijsheid getoond om eensgezind te blijven, zelfs tegenover tegenspoed en voortdurende dreiging.

De dag dat we begrijpen dat wat ons bindt iets eenvoudigs en fundamenteels is — iets dat “menselijkheid” heet — zetten we een beslissende stap. Zolang we niet inzien dat eenheid betekent dat we de strijd van anderen tot de onze maken, zal er geen echte revolutie zijn. De echte revolutie is die zaak omarmen die het systeem ons wil doen zien als ver weg en niet de onze.

De Cubaanse soldaten stierven niet voor een vreemde revolutie. Ze verdedigden hún revolutie — die ook de onze is — een revolutie zonder grenzen en zonder vlaggen. Zolang we niet allemaal Palestijnen, Venezolanen, Cubanen, Soedanezen, Nigerianen en Congolezen zijn — met andere woorden, één verenigd volk — en zolang we ons laten verdelen, zullen we niet winnen.


🇬🇧 

The Strength of Comradeship

Unity as a principle, humanity as our banner.

Throughout history, the resistance of peoples has been a constant struggle. The enemy remains the same, and yet nations keep teaching us lessons through pain. They never stop reminding us of the basic principles of revolution, liberation, and dignity. But how many more people have to die before we finally learn?

The recent martyrs — soldiers from Cuba and Venezuela, who gave their lives defending President Nicolás Maduro — have left us a powerful lesson in comradeship: a bond that doesn’t just wave a flag, but carries it in the heart, because the mission matters more than anything else. Giving your life for your country is brave, but giving your life for the revolution is not only brave — it is wise. Wise are those who understood that the enemy is so vast that only unity can defeat it.

Venezuela and Cuba, two sister nations that refuse to give up, look after one another and treat each other with respect. They don’t impose themselves, they don’t trample over each other, and they don’t overshadow one another. Their revolutions are not identical, but they move in the same direction. Just imagine how strong we would be if peoples stood together under the values that bind Venezuela and Cuba. In the streets we chant, “The people united will never be defeated,” but my Palestinian friend and comrade would correct us and say, “Peoples united will never be defeated.”

We have been so saturated with individualism, meritocracy, and selfishness that every collective effort dies before it even begins — crushed by some people’s hunger for the spotlight and by the failure to understand that what truly unites us is not political lines or external factors. In fact, those often divide us more than they unite us. Division is easy; that’s why power ends up in the hands of a few.

One week after the kidnapping, the unity of the Venezuelan people and their chavista commitment to the government has become the key to survival and resistance. That unity — so feared by those who seek to fracture it — has been under constant attack through social media, driven by actors we already know, who try and will keep trying to undermine it with rumors and disinformation campaigns aimed at sowing doubt and discrediting the governmental legacy of President Nicolás Maduro and interim President Delcy Rodríguez. Yet once again, the people have shown the wisdom to remain united, even in the face of adversity and constant threat.

The day we understand that what binds us is something simpler and more fundamental — something called “humanity” — we will have taken a decisive step forward. As long as we don’t realize that unity means making other people’s struggles our own, there will be no real revolution. The real revolution is claiming as ours the causes the system wants us to see as distant and чуж ours.

Cuban soldiers did not die defending someone else’s revolution. They defended their own — which is also ours — a revolution without borders or flags. As long as we are not all Palestinians, Venezuelans, Cubans, Sudanese, Nigerians, Congolese — in short, one united people — and as long as we allow ourselves to be divided, we will not prevail.


🇵🇹 

A força da camaradagem

A união como princípio, a humanidade como bandeira.

Ao longo da história, a resistência dos povos tem sido uma luta constante. O inimigo é sempre o mesmo, e ainda assim os povos continuam a nos dar lições através da dor. Não deixam de nos ensinar os princípios básicos da revolução, da libertação e da dignidade. Mas quantas pessoas ainda precisam morrer para que, de uma vez por todas, aprendamos?

Os mártires recentes — soldadoscubanos e venezuelanos que deram a vida em defesa do presidente Nicolás Maduro — deixaram-nos uma grande lição de companheirismo: aquele que não se limita a vestir a bandeira, mas a carrega no coração, porque a missão fala mais alto. Dar a vida pela pátria é um ato de coragem, mas dar a vida pela revolução não é apenas coragem — é também sabedoria. Sabedoria daqueles que entenderam que o inimigo é tão grande que só unidos podemos vencê-lo.

Venezuela e Cuba, duas irmãs que não se rendem, cuidam uma da outra e se respeitam. Não se impõem, não se atropelam e não se ofuscam. Suas revoluções não são iguais, mas caminham na mesma direção. Basta imaginar o quão fortes seríamos se os povos se unissem em torno dos valores que aproximam Venezuela e Cuba. Nas ruas gritamos: “O povo unido jamais será vencido”, mas meu amigo e camarada palestino corrigiria: “Os povos unidos jamais serão vencidos.”

Fomos tão tomados pelo individualismo, pela meritocracia e pelo egoísmo que toda tentativa coletiva morre antes de nascer — sufocada pela sede de protagonismo de alguns e pela incapacidade de compreender que não são os fatores externos nem as linhas políticas que realmente nos unem. Pelo contrário, muitas vezes isso divide mais do que une. Dividir é fácil; por isso o poder acaba concentrado nas mãos de poucos.

Uma semana após o sequestro, a unidade do povo venezuelano e seu compromisso chavista com o governo tornaram-se a chave da sobrevivência e da resistência. Essa unidade — tão temida por aqueles que tentam quebrá-la — tem sido alvo de ataques constantes nas redes sociais, conduzidos por atores que já conhecemos, que buscam enfraquecê-la com boatos e campanhas de desinformação destinadas a semear dúvidas e a desacreditar o legado governamental do presidente Nicolás Maduro e da presidente interina Delcy Rodríguez. Ainda assim, mais uma vez, o povo demonstrou sabedoria suficiente para permanecer unido, mesmo diante da adversidade e da ameaça constante.

O dia em que entendermos que o que nos une é algo mais simples e mais profundo — algo chamado “humanidade” — teremos dado um passo decisivo. Enquanto não compreendermos que unir-se é transformar a luta do outro na nossa própria luta, não haverá verdadeira revolução. A verdadeira revolução é assumir como nossa aquela causa que o sistema quer que vejamos como distante e alheia.

Os soldados cubanos não morreram defendendo uma revolução estrangeira. Defenderam a sua revolução — que também é a nossa — uma revolução sem fronteiras e sem bandeiras. Enquanto não formos todos palestinos, venezuelanos, cubanos, sudaneses, nigerianos, congoleses — enfim, povos unidos — e enquanto continuarmos a nos deixar dividir, não venceremos.

jueves, 25 de diciembre de 2025

Noche sin paz


Quien me conoce mínimamente o incluso mejor, sabe que cada año intento esquivar, sin demasiada elegancia, estas fechas. No me gustan, y casi nadie desconoce, aunque sea vagamente, los motivos. Pero este año decidí ofrecer una aclaración, no por obligación, sino por el respeto que le tengo a la gente que quiero.

La oleada de mensajes en redes y las cenas familiares me obligan a disimular un rechazo que, año tras año, se intensifica. Por eso, y para quienes se entregan sinceramente a la festividad (dejando de lado su trasfondo religioso), no por comodidad sino por necesidad de abstracción, quiero decir algo. Porque no es lo mismo quien se abstrae para expresar afecto con gestos modestos, reunirse y reencontrarse con sus seres amados a pesar de las dificultades y con plena consciencia de la situación mundial, que quien utiliza este momento para afianzar y justificar su egoísmo, exhibiendo poder adquisitivo y transpirando abundancia.

A quienes están en el primer grupo, quiero decirles, antes que nada, que sus muestras de afecto no me son indiferentes. Sé que son sinceras y nacen de las mejores intenciones, para ustedes mi gratitud y retribución. Y quiero aclarar que no es por moda ni por falta de cariño que decido aislarme, sino porque no puedo, ni quiero, cerrar los ojos ni por un momento. Y mientras no haya justicia, mientras no se respete el derecho de cada individuo a existir, no encuentro motivos para festejar.

Con más de un genocidio en curso, con la locura global, el descaro de los verdugos y la indiferencia de las masas, la realidad se me hace insoportable y desesperante. Mi presencia en un círculo festivo no podría ser más que amarga, y a nadie le gusta que se le agüe la celebración.

Por último, quiero decirles que mi mayor deseo es celebrar, con todos, el día en que terminen las injusticias sociales; cuando podamos abrazarnos como iguales y festejar el nacimiento de un mundo nuevo: consciente, justo y libre de mezquindad.

🇬🇧 A Night Without Peace

Anyone who knows me, even just a little, knows that every year I try, not very gracefully, to avoid this season. I don’t enjoy it, and most people already have at least a vague idea of why. But this year I’ve decided to speak up, not because I owe an explanation, but out of respect for the people I care about.

The endless stream of holiday messages and family gatherings forces me to pretend that my discomfort isn’t growing stronger each year. So I want to say this, especially to those who celebrate sincerely, putting aside the religious aspect, and who do it not out of convenience but as a way to hold on to love. Because it’s very different: someone who quietly shows affection, who gathers with loved ones despite hardship and with full awareness of what is happening in the world, is not the same as someone who uses the moment to flaunt, to justify ego, and to measure life through abundance and spending.

To the first group, I want you to know your affection truly reaches me. I know it is sincere and comes from a good place, to you, my gratitude and return of kindness. And I want to make clear that my solitude is not a trend, nor a lack of love: it’s simply that I cannot, and will not, close my eyes. As long as there is no justice, and people are denied the basic right to exist, I find no reason to celebrate.

With more than one genocide happening right now, with a world spiraling into madness, executioners with no shame, and masses that look away, reality becomes unbearable. If I joined a celebration in this state, I would only bring bitterness  and no one deserves to have their joy dampened.

My deepest wish is to celebrate with everyone on the day social injustice ends, the day we can embrace one another as equals and welcome the birth of a new world: awake, fair, and free of selfishness.


🇳🇱 Een Nacht Zonder Vrede

Wie mij ook maar een beetje kent, weet dat ik elk jaar weer, vaak nogal onhandig, probeer deze periode te ontwijken. Ik heb er niets mee, en de meeste mensen weten in grote lijnen wel waarom. Maar dit jaar wil ik het toch uitleggen, niet omdat het moet, maar uit respect voor de mensen om wie ik geef.

De constante stroom aan berichtjes en de familiediners zorgen ervoor dat ik een afkeer moet verbergen die elk jaar sterker wordt. Daarom wil ik iets delen, vooral met degenen die oprecht vieren, los van het religieuze, en die het doen omdat ze behoefte hebben aan verbondenheid. Dat is heel wat anders dan het vieren om jezelf te tonen, om rijkdom uit te stralen of om jezelf te bevestigen.

Aan de eerste groep wil ik zeggen: jullie warmte raakt me echt. Ik weet dat jullie bedoelingen goed zijn, aan jullie, mijn dankbaarheid en wederdienst. En het is niet uit afstand of gebrek aan liefde dat ik me afzonder, maar omdat ik mijn ogen niet kan en niet wil sluiten. Zolang er geen rechtvaardigheid is en niet ieder mens simpelweg mag bestaan, heb ik geen reden om te feesten.

Met meer dan één genocide die gaande is, met de mondiale waanzin, met beulen die zonder schaamte handelen en massa’s die wegkijken, voelt de werkelijkheid ondraaglijk. Aan een feesttafel zou ik alleen maar bitterheid mee brengen en niemand wil dat.

Mijn grootste wens is om ooit samen met iedereen te vieren op de dag dat ongelijkheid eindigt, wanneer we elkaar als gelijken kunnen omarmen en een nieuwe wereld mogen verwelkomen: bewust, rechtvaardig en vrij van kleinzieligheid.


🇵🇹🇧🇷 Noite Sem Paz

Quem me conhece, mesmo que só um pouco, sabe que todo ano eu tento, meio desajeitadamente, escapar dessa época. Eu simplesmente não gosto, e muita gente já tem uma noção dos motivos. Mas, neste ano, eu decidi falar sobre isso, não por obrigação, mas por respeito às pessoas que eu amo.

A enxurrada de mensagens, as reuniões de família… tudo isso me obriga a fingir que meu incômodo não cresce ano após ano. Então, quero dizer algo, principalmente a quem celebra com sinceridade, deixando de lado o aspecto religioso, e que faz isso porque precisa sentir conexão, afeto e presença. É bem diferente de quem transforma esse momento em vitrine, para provar valor, mostrar poder, exibir abundância.

A quem está no primeiro grupo, quero que saibam: o carinho de vocês realmente me toca. Eu reconheço as intenções e sei que são boas, para vocês, minha gratidão e retribuição. E não é por modismo nem falta de amor que eu me recolho, é porque eu não consigo, e não quero, fechar os olhos. Enquanto não houver justiça, enquanto existir gente que sequer tem garantido o direito de existir, eu não encontro um motivo para comemorar.

Com genocídios acontecendo, com o mundo num estado de loucura, com algozes sem vergonha e multidões que escolhem não ver, a realidade se torna sufocante. Estar numa festa, assim, só faria de mim alguém amargo  e ninguém merece ter sua alegria estragada.

Meu maior desejo é poder celebrar com todo mundo no dia em que a injustiça acabar, quando possamos nos abraçar como iguais e comemorar o nascimento de um mundo novo: consciente, justo e sem mesquinhez.


 

domingo, 12 de octubre de 2025

Premio Nobel a la Incongruencia


 

🇪🇸 Premio Nobel a la Incongruencia 

por/by/door Ana Wijnen

English below

Português abaixo

Nederlands hieronder  

Cada vez que se estrena una nueva incongruencia, el mundo parece sorprenderse como si fuera la primera, cuando en realidad no es más que una más en la larga cadena de contradicciones de la historia. Lo mismo ocurrió cuando unos pocos oportunistas llamaron “descubrimiento” a la invasión, la apropiación y el despojo de tierras; cuando el genocidio de pueblos enteros fue disfrazado de “civilización”; cuando se impusieron dictaduras y se justificaron bajo falsas banderas de libertad.

Ese mismo eco de odio y dominación resuena hoy con nuevas formas, pero con las mismas excusas y los mismos patrones que han acompañado los crímenes de siempre y condenan a la amnesia colectiva para ver hoy un nuevo genocidio cometido por los mismos que vieron morir a sus abuelos en Auschwitz.

Ese monstruo con tentáculos de poder insiste en sancionar a quienes luchan por defender la vida, por existir tomando sus propias decisiones. Durante décadas de resistencia, han sido inscritos injustamente en listas de terroristas, como es el caso de Cuba, que, si hoy nos sorprendiera un desastre, serían sus médicos los primeros en acudir a auxiliar.

La incongruencia también se exhibe en los escenarios donde se glorifica a los verdugos: en premiaciones que celebran a los responsables de la guerra, en concursos donde ciertos países parecen tener privilegios eternos, o cuando se otorga un premio Nobel de la Paz a un presidente que, al igual que sus antecesores y sucesores, ha financiado la violencia y la destrucción.

No debería sorprendernos. Esos premios, barnizados de prestigio, no son más que vino barato en copa dorada: símbolos vacíos que se entregan a figuras carentes de prestigio y dignidad como lo es Corina Machado, que apoya el genocidio, instiga la violencia política o intenta derrocar a un gobierno legítimo con el respaldo del poder extranjero. Resulta profundamente contradictorio que, mientras tanto, en Caracas se haya celebrado recientemente la Cumbre por la Paz, convocada por el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, en defensa del diálogo y la soberanía.

Ante tantas evidencias, no queda duda: las fuerzas del fascismo no descansan. Repiten una y otra vez sus tácticas de agresión, mostrando que no estamos frente a hechos aislados, sino ante una amenaza global que pretende someter a los pueblos mediante la manipulación, la violencia y la mentira.

Esta realidad debería ser motivo suficiente para dejar de lado las parcialidades y abrir los ojos ante la magnitud del peligro. Es tiempo de asumir la lucha colectiva de todos los pueblos oprimidos, de unirnos en un mismo frente, levantar la voz y denunciar con fuerza hasta alcanzar la justicia que tanto se clama en las calles.

Si no comprendemos la naturaleza global del opresor, no podremos vencer esta batalla.
Solo la unidad popular, la solidaridad entre los pueblos y la defensa firme de la verdad nos conducirán a la victoria.

¡Por la dignidad, la paz y la justicia de los pueblos!
¡Hasta la victoria siempre!


🇬🇧 Nobel Prize for Incongruence 

Each time a new incongruence emerges, the world seems astonished as if it were the first, when in truth it is just another link in the long chain of contradictions throughout history. The same thing happened when a few opportunists called “discovery” what was truly invasion, appropriation, and land theft; when the genocide of entire peoples was disguised as “civilization”; when dictatorships were imposed and justified under false banners of freedom.

That same echo of hatred and domination still resounds today in new forms, yet with the same excuses and patterns that have always accompanied these crimes—condemning humanity to collective amnesia so that now we witness a new genocide committed by the very same forces whose ancestors perished in Auschwitz.

That monster with tentacles of power insists on sanctioning those who struggle to defend life, to exist on their own terms. For decades of resistance, they have been unfairly labeled as terrorists—like Cuba, which, if a disaster struck today, would have its doctors among the first to offer aid.

Incongruence also parades itself in the spaces where executioners are glorified: in award ceremonies celebrating the architects of war, in contests where certain countries seem to enjoy eternal privilege, or when a Nobel Peace Prize is given to a president who, like those before and after him, has financed violence and destruction.

We should not be surprised. These awards, polished with false prestige, are nothing but cheap wine in a golden cup: empty symbols bestowed upon figures devoid of honor and dignity, such as Corina Machado, who supports genocide, fuels political violence, and seeks to overthrow a legitimate government with the backing of foreign powers. It is deeply contradictory that, at the same time, Caracas recently hosted the Summit for Peace, convened by constitutional president Nicolás Maduro Moros, in defense of dialogue and sovereignty.

In light of so much evidence, there is no doubt: the forces of fascism do not rest. They repeat their tactics of aggression again and again, proving that we are not facing isolated events, but a global threat that seeks to subjugate nations through manipulation, violence, and lies.

This reality should be reason enough to set aside partiality and open our eyes to the magnitude of the danger. It is time to embrace the collective struggle of all oppressed peoples, to unite in a single front, raise our voices, and denounce with strength until justice—the justice so long demanded in the streets—is achieved.

If we do not understand the global nature of the oppressor, we cannot win this battle.
Only popular unity, solidarity among peoples, and a steadfast defense of truth will lead us to victory.

For the dignity, peace, and justice of the peoples!
¡Hasta la victoria siempre!


🇳🇱 Nobelprijs voor Incongruentie 

Telkens wanneer er een nieuwe incongruentie verschijnt, lijkt de wereld verrast alsof het de eerste is, terwijl het in werkelijkheid slechts een nieuwe schakel is in de lange keten van historische tegenstrijdigheden. Hetzelfde gebeurde toen enkele opportunisten “ontdekking” noemden wat in feite invasie, toe-eigening en landroof was; toen de genocide op hele volkeren werd vermomd als “beschaving”; toen dictaturen werden opgelegd en gerechtvaardigd onder valse vlaggen van vrijheid.

Diezelfde echo van haat en overheersing weerklinkt vandaag in nieuwe vormen, maar met dezelfde excuses en patronen die altijd de misdaden van de macht hebben begeleid—en de mensheid veroordelen tot collectief geheugenverlies, zodat we nu opnieuw getuige zijn van een genocide gepleegd door dezelfde machten wier grootouders stierven in Auschwitz.

Dat monster met zijn tentakels van macht blijft degenen sanctioneren die strijden om het leven te verdedigen, om te bestaan op basis van hun eigen beslissingen. Na tientallen jaren van verzet zijn zij onterecht op terroristische lijsten geplaatst—zoals Cuba, dat, als er vandaag een ramp zou plaatsvinden, zijn artsen als eersten zou sturen om hulp te bieden.

De incongruentie wordt ook tentoongesteld op podia waar de beulen worden verheerlijkt: bij prijsuitreikingen die de verantwoordelijken voor oorlog vieren, bij wedstrijden waar bepaalde landen eeuwige privileges lijken te hebben, of wanneer een Nobelprijs voor de Vrede wordt toegekend aan een president die, net als zijn voorgangers en opvolgers, geweld en vernietiging heeft gefinancierd.

We zouden niet verbaasd moeten zijn. Deze prijzen, gepolijst met vals prestige, zijn niets meer dan goedkope wijn in een gouden beker: lege symbolen die worden uitgereikt aan figuren zonder eer of waardigheid, zoals Corina Machado, die genocide steunt, politiek geweld aanwakkert en probeert een legitieme regering omver te werpen met buitenlandse steun. Het is diep tegenstrijdig dat tegelijkertijd in Caracas onlangs de Top voor de Vrede plaatsvond, bijeengeroepen door de grondwettelijke president Nicolás Maduro Moros, ter verdediging van dialoog en soevereiniteit.

Gezien zoveel bewijs bestaat er geen twijfel: de krachten van het fascisme rusten niet. Ze herhalen hun agressieve tactieken steeds opnieuw, en tonen aan dat we niet te maken hebben met geïsoleerde gebeurtenissen, maar met een mondiale bedreiging die volkeren wil onderwerpen door manipulatie, geweld en leugens.

Deze realiteit zou genoeg reden moeten zijn om partijdigheid opzij te zetten en onze ogen te openen voor de omvang van het gevaar. Het is tijd om de gezamenlijke strijd van alle onderdrukte volkeren op te nemen, ons te verenigen in één front, onze stemmen te verheffen en met kracht te blijven aanklagen totdat de gerechtigheid die op straat wordt geëist, werkelijkheid wordt.

Als we de wereldwijde aard van de onderdrukker niet begrijpen, kunnen we deze strijd niet winnen.
Alleen volkseenheid, solidariteit tussen de volkeren en een standvastige verdediging van de waarheid zullen ons naar de overwinning leiden.

Voor de waardigheid, de vrede en de rechtvaardigheid van de volkeren!
¡Hasta la victoria siempre!


🇵🇹 Prêmio Nobel da Incongruência 

Cada vez que surge uma nova incongruência, o mundo parece surpreender-se como se fosse a primeira, quando na verdade é apenas mais um elo na longa corrente de contradições da história. O mesmo aconteceu quando alguns oportunistas chamaram de “descobrimento” o que foi, na verdade, invasão, apropriação e roubo de terras; quando o genocídio de povos inteiros foi disfarçado de “civilização”; quando ditaduras foram impostas e justificadas sob falsas bandeiras de liberdade.

O mesmo eco de ódio e dominação ressoa hoje em novas formas, mas com as mesmas desculpas e os mesmos padrões que sempre acompanharam os crimes do poder—condenando a humanidade a uma amnésia coletiva que permite assistir a um novo genocídio cometido pelos mesmos que viram seus avós morrerem em Auschwitz.

Esse monstro com tentáculos de poder insiste em sancionar aqueles que lutam para defender a vida, para existir tomando suas próprias decisões. Durante décadas de resistência, foram injustamente inscritos em listas de terroristas—como é o caso de Cuba, que, se hoje nos surpreendesse um desastre, teria seus médicos entre os primeiros a socorrer.

A incongruência também se mostra nos palcos onde se glorificam os algozes: em premiações que celebram os responsáveis pela guerra, em concursos onde certos países parecem ter privilégios eternos, ou quando se concede um Prêmio Nobel da Paz a um presidente que, como seus antecessores e sucessores, financiou a violência e a destruição.

Não deveria causar espanto. Esses prêmios, polidos com falso prestígio, não passam de vinho barato em taça dourada: símbolos vazios entregues a figuras sem honra nem dignidade, como Corina Machado, que apoia o genocídio, instiga a violência política e tenta derrubar um governo legítimo com o apoio de potências estrangeiras. É profundamente contraditório que, ao mesmo tempo, em Caracas tenha ocorrido recentemente a Cúpula pela Paz, convocada pelo presidente constitucional Nicolás Maduro Moros, em defesa do diálogo e da soberania.

Diante de tantas evidências, não resta dúvida: as forças do fascismo não descansam. Repetem incessantemente as suas táticas de agressão, mostrando que não estamos diante de fatos isolados, mas de uma ameaça global que busca subjugar os povos por meio da manipulação, da violência e da mentira.

Essa realidade deveria bastar para deixarmos de lado as parcialidades e abrirmos os olhos para a dimensão do perigo. É hora de assumir a luta coletiva de todos os povos oprimidos, unir-nos em uma só frente, erguer a voz e denunciar com firmeza até que a justiça, tão exigida nas ruas, seja alcançada.

Se não compreendermos a natureza global do opressor, não poderemos vencer esta batalha.
Somente a unidade popular, a solidariedade entre os povos e a defesa firme da verdade nos conduzirão à vitória.

Pela dignidade, pela paz e pela justiça dos povos!
¡Hasta la victoria siempre!

martes, 19 de agosto de 2025

Sin Unidad, No Hay Estado Plurinacional/ No Plurinational State Without Unity/ Não Há Estado Plurinacional sem Unidade/ Geen Plurinationale Staat zonder Eenheid

por Ana Wijnen




English below

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🇪🇸 Español

Siempre había creído que la indecisión era un elemento peligroso en cualquier sociedad. Combinada con la indiferencia, puede llevar a la violencia y al odio, alimentados por la manipulación. Quien no se define carece de criterio y pensamiento crítico, y es más vulnerable a fuerzas externas que buscan imponer un orden destructor.

Por eso, y porque estaba en juego mi compromiso con mi pueblo, procuré en cada momento ser cuidadosa al definir una postura. En distintas ocasiones expresé mi preocupación por el rumbo que estaba tomando la crisis interna que se gestaba en la izquierda boliviana, crisis que terminaría convirtiéndose en una avalancha imposible de detener. Decidí entonces tomar distancia de los líderes y enfocarme en la voluntad de mi gente, asumiendo así el dolor que significó el destierro del líder. Un líder que, en su momento, había hecho historia, convirtiendo a Bolivia en un ejemplo de soberanía y reivindicación social; pero que, en la coyuntura actual, no lograba justificar con sus actos. Aun así, decidí manifestar mi apoyo a quien mi pueblo defendía con tanto empeño.

Sin embargo, mi coherencia política me impedía apoyar la idea del voto nulo. Siempre la consideré una estrategia equivocada: aunque podía ser símbolo de resistencia o inconformismo, en la práctica no pasaba de ahí y, a la hora de la verdad, fortalecía al verdadero enemigo: el fascismo de derecha, que tenía varios rostros en la papeleta. De ganar, impondrían un sistema de persecución a los movimientos sociales, acallarían nuevamente la voz reivindicativa de nuestros ancestros y entregarían en bandeja nuestros recursos al imperio asesino del norte. En definitiva, un retroceso total para el país que tanto había costado construir durante, al menos, quince años. Esa conciencia del desastre que podía avecinarse fue lo que me impidió optar por el voto nulo.

Probablemente no fui la única en tomar esa decisión, pero no fue suficiente: hoy enfrentamos ese escenario que tanto temíamos. Nos corresponde asumir nuestra cuota de responsabilidad; no basta con culpar a los líderes, porque si son líderes, lo son gracias al respaldo que les damos como pueblo. Ser críticos, pero de manera constructiva, es clave para recuperar las riendas de nuestro futuro y no repetir errores.

El apoyo a nuestro líder indígena fue sólido durante sus primeros diez años de gestión, años en los que se alcanzó un crecimiento económico y social innegable, con indicadores estadísticos claros. Hasta que comenzó una campaña de desprestigio —un patrón muy común en la derecha, financiado por el imperio—, diseñada por expertos de Estados Unidos que analizan el pensamiento promedio de una sociedad y explotan los puntos más vulnerables de un líder, en este caso Evo, para manipular y cambiar la opinión pública.

Dicha campaña, reconocida incluso por sus propios autores como estrategia política, se desplegó antes del referéndum del 21 de febrero de 2016, en el que se preguntaba si se modificaba el artículo correspondiente del Código Electoral para permitir la reelección. El resultado fue ajustado: el “Sí” obtuvo el 48,7 % y el “No” el 51,3 %. Este hecho es clave para entender lo que vivimos hoy, porque, pese a este resultado, Evo Morales volvió a presentarse como candidato en las elecciones de 2019. Su victoria fue seguida por un estallido social que derivó en un golpe de Estado.

Durante el golpe, el apoyo a Evo y al MAS se mantuvo masivo. Por eso, cuando el partido regresó al escenario democrático el 18 de octubre de 2020 con Luis Arce —exministro de Economía y Finanzas durante el gobierno de Evo—, ganó con el 55,11 % de los votos. Sin embargo, la gestión de Arce, marcada por un declive económico y el distanciamiento hacia Evo, alimentó el desprestigio sin necesidad de campañas externas.

A esto se sumó un hecho grave: al volver Evo del exilio se le negó su participación política, a pesar de que Arce había llegado a la presidencia gracias al apoyo popular que pedía el regreso de Evo. Este veto generó enfrentamientos entre simpatizantes de ambos líderes. La tensión creció con acusaciones cruzadas, un supuesto intento de golpe, un atentado contra Evo y un clima de desconfianza generalizada.

Con las elecciones acercándose, se desempolvó el argumento del referéndum del 2016 que negó la reelección, aunque nunca se había aclarado si esto aplicaba a reelecciones no consecutivas. El Tribunal Supremo Electoral, además, eliminó la sigla del partido para impedir la candidatura de Evo, algo que, según evidencias, fue facilitado por sobornos de Arce al TSE. Esto encendió la furia de gran parte de la base evista y provocó enfrentamientos con las fuerzas represivas del gobierno, que tildaron al “evismo” de salvaje y violento, una narrativa propia del fascismo.

En el plano internacional, durante la gestión de Arce, Bolivia ingresó al MERCOSUR y a la alianza de los BRICS, logros que no provinieron de su trabajo, sino del prestigio que Evo y Álvaro García Linera habían construido con esfuerzo durante sus gestiones.

En este contexto apareció un nuevo actor electoral: Andrónico Rodríguez, que decía representar a la izquierda, pero sin la experiencia ni el peso político necesarios para lograr la reunificación. El llamado de Evo al voto nulo, consciente de su carácter simbólico, terminó siendo una jugada peligrosa que abrió la puerta al avance de la derecha.

El resultado fue claro: 19,04 % de votos nulos, 8,11 % para Andrónico y 3,14 % para Eduardo del Castillo, el sucesor de Arce. Sumados, daban un 30,29 %, frente al 31,3 % de Rodrigo Paz, el candidato más votado del Partido Democrático Cristiano, de haber sumado esos porcentajes a favor de un único representante nos habría permitido disputar una segunda vuelta. Pero la división interna fue más fuerte.

La traición de Arce al impedir la candidatura de Evo, junto con el impulso de Evo al voto nulo, responden a intereses personales, no a los del pueblo ni a la defensa de la revolución. Debemos reconocerlo: los líderes están ahí por nuestra decisión de apoyarlos. Es hora de asumir nuestra responsabilidad y romper con la herencia colonial que nos enseña a obedecer sin cuestionar.

No debemos atacarnos entre hermanos —incluso aquellos que no apoyan nuestra revolución, porque son víctimas de la manipulación—. El verdadero enemigo son los líderes que se venden al imperio y promueven el fascismo y el odio entre nosotros. Hasta que no entendamos esto, no podremos levantarnos ni recuperar la unidad que alguna vez alcanzamos. Ojalá aprendamos la lección antes de que nos arrebaten nuestros recursos y solo nos quede defender nuestra dignidad.

🇬🇧 English

I had always believed that indecision is a dangerous element in any society. Combined with indifference, it can lead to violence and hatred, fueled by manipulation. Those who refuse to take a stand lack judgment and critical thinking, making them vulnerable to external forces seeking to impose a destructive order.

That is why, and because my commitment to my people was at stake, I made sure to be cautious in defining my stance at every moment. On several occasions, I expressed my concern about the course of the internal crisis brewing within Bolivia’s left, a crisis that would eventually become an unstoppable avalanche. I decided to distance myself from the leaders and focus on the will of my people, while enduring the pain of seeing our leader exiled—a leader who, at one point, had made history by turning Bolivia into a symbol of sovereignty and social justice, yet whose recent actions I could no longer justify. Still, I chose to stand with the leader my people defended so fiercely.

However, my political consistency prevented me from supporting the idea of casting a null vote. I had always considered it a misguided strategy: while it could symbolize resistance or dissent, in practice it amounted to nothing more—and, ultimately, it strengthened the true enemy: right-wing fascism, represented by several candidates on the ballot. If they were to win, they would impose a system of persecution against social movements, once again silence the voices of our ancestors, and hand over our resources on a silver platter to the murderous imperialist power from the North. In short, it would mean a complete regression for a country that had taken at least fifteen years to build. That awareness of the looming disaster was what stopped me from choosing the null vote.

I was likely not the only one who made that choice, but it was not enough: today we face the very scenario we feared. We must each take responsibility; it is not enough to blame the leaders, because if they are leaders, it is thanks to the support we, as a people, give them. Being critical, yet constructive, is essential to regain control of our future and avoid repeating mistakes.

Support for our Indigenous leader was strong during his first ten years in office, years in which undeniable economic and social progress was achieved, with clear statistical indicators. Until a smear campaign began—a pattern all too common from the right, financed by the empire—designed by U.S. experts who study the average mindset of a society and exploit the most vulnerable traits of a leader, in this case Evo, to manipulate and sway public opinion.

This campaign, even acknowledged by its own architects as a political strategy, was deployed before the February 21, 2016 referendum, which asked whether the relevant article of the Electoral Code should be amended to allow re-election. The result was close: 48.7% voted “Yes” and 51.3% voted “No.” This fact is key to understanding our current reality because, despite the result, Evo Morales once again ran as a candidate in the 2019 elections. His victory was followed by a social uprising that led to a coup d’état.

During the coup, support for Evo and MAS remained massive. That is why, when the party returned to the democratic arena on October 18, 2020, with Luis Arce—former Minister of Economy and Finance under Evo—as its candidate, it won with 55.11% of the vote. However, Arce’s administration, marked by economic decline and distancing from Evo, fueled discontent without the need for external campaigns.

To make matters worse, when Evo returned from exile, he was denied political participation, despite Arce having risen to the presidency with the backing of those who wanted Evo’s return. This veto triggered clashes between supporters of both leaders. Tensions escalated with mutual accusations, an alleged coup attempt, an assassination attempt on Evo, and a climate of widespread distrust.

As the elections drew near, the argument from the 2016 referendum rejecting re-election resurfaced, though it had never been clarified whether it applied to non-consecutive terms. The Supreme Electoral Tribunal went further, removing the party’s official registration to block Evo’s candidacy—something that, according to evidence, was facilitated by Arce bribing the TSE. This sparked fury among the “Evista” base and led to confrontations with government security forces, which labeled “Evismo” as savage and violent—a narrative typical of fascism.

Internationally, during Arce’s term, Bolivia joined MERCOSUR and the BRICS alliance—achievements not born of his own work, but of the prestige that Evo and Álvaro García Linera had painstakingly built during their administrations.

In this context, a new electoral figure emerged: Andrónico Rodríguez, claiming to represent the left, yet lacking the experience and political weight to achieve reunification. Evo’s call for a null vote—aware of its symbolic nature—ultimately proved to be a dangerous move that opened the door for the right to advance.

The results were clear: 19.04% null votes, 8.11% for Andrónico, and 3.14% for Eduardo del Castillo, Arce’s successor. Combined, that was 30.29%, compared to 31.3% for Rodrigo Paz of the Christian Democratic Party—figures that, united behind a single candidate, could have taken us to a second round. But internal division prevailed.

Arce’s betrayal in blocking Evo’s candidacy, together with Evo’s push for the null vote, served personal interests rather than those of the people or the revolution. We must face the truth: leaders are where they are because we choose to support them. It is time to take responsibility and break free from the colonial mindset that teaches us to obey without questioning.

We must stop attacking our own brothers and sisters—even those who do not support our revolution, for they too are victims of manipulation. The true enemy is the leadership that sells itself to the empire and fuels fascism and hatred among us. Until we understand this, we will not be able to rise again or recover the unity we once achieved. I only hope we learn the lesson before our resources are stolen and all we have left to defend is our dignity.

🇵🇹 Português

Sempre acreditei que a indecisão é um elemento perigoso em qualquer sociedade. Combinada com a indiferença, pode levar à violência e ao ódio, alimentados pela manipulação. Quem não se posiciona carece de critério e de pensamento crítico, tornando-se mais vulnerável a forças externas que buscam impor uma ordem destrutiva.

Por isso, e porque estava em jogo o meu compromisso com o meu povo, procurei em cada momento ser cuidadosa ao definir a minha postura. Em diversas ocasiões, manifestei preocupação com o rumo da crise interna que se formava na esquerda boliviana, uma crise que acabaria se transformando numa avalanche impossível de conter. Decidi, então, afastar-me dos líderes e focar-me na vontade do meu povo, assumindo a dor de ver o nosso líder exilado — um líder que, em seu tempo, fez história, transformando a Bolívia num exemplo de soberania e de justiça social, mas que, na conjuntura atual, já não conseguia justificar com seus atos. Ainda assim, optei por apoiar aquele que o meu povo defendia com tanto empenho.

No entanto, a minha coerência política impediu-me de apoiar a ideia do voto nulo. Sempre considerei essa uma estratégia equivocada: embora pudesse simbolizar resistência ou inconformismo, na prática não ia além disso e, no fim das contas, fortalecia o verdadeiro inimigo: o fascismo de direita, representado por vários candidatos na urna. Se vencessem, imporiam um sistema de perseguição aos movimentos sociais, silenciariam novamente a voz reivindicativa dos nossos ancestrais e entregariam de bandeja os nossos recursos ao império assassino do Norte. Seria um retrocesso total para um país que levou pelo menos quinze anos a construir. Essa consciência do desastre iminente foi o que me impediu de escolher o voto nulo.

Provavelmente não fui a única a tomar essa decisão, mas não foi suficiente: hoje enfrentamos o cenário que tanto temíamos. Cabe-nos assumir a nossa parte de responsabilidade; não basta culpar os líderes, porque se eles são líderes é graças ao apoio que lhes damos como povo. Ser críticos, mas de forma construtiva, é fundamental para retomar o controle do nosso futuro e não repetir erros.

O apoio ao nosso líder indígena foi sólido durante os primeiros dez anos de governo, anos em que houve um crescimento económico e social inegável, com indicadores claros. Até que começou uma campanha de difamação — um padrão muito comum na direita, financiado pelo império —, concebida por especialistas dos EUA que estudam o pensamento médio de uma sociedade e exploram os pontos mais vulneráveis de um líder, neste caso Evo, para manipular e alterar a opinião pública.

Essa campanha, reconhecida até pelos seus próprios autores como estratégia política, foi lançada antes do referendo de 21 de fevereiro de 2016, que perguntava se se devia modificar o artigo correspondente do Código Eleitoral para permitir a reeleição. O resultado foi apertado: 48,7% votaram “Sim” e 51,3% “Não”. Este facto é chave para compreender a situação atual, pois, apesar do resultado, Evo Morales voltou a candidatar-se nas eleições de 2019. A sua vitória foi seguida por uma revolta social que levou a um golpe de Estado.

Durante o golpe, o apoio a Evo e ao MAS manteve-se massivo. Por isso, quando o partido voltou ao cenário democrático a 18 de outubro de 2020, com Luis Arce — ex-ministro da Economia e Finanças durante o governo de Evo — como candidato, venceu com 55,11% dos votos. No entanto, a gestão de Arce, marcada pelo declínio económico e pelo afastamento em relação a Evo, alimentou o desprestígio sem necessidade de campanhas externas.

O pior veio quando, ao regressar do exílio, Evo foi impedido de participar politicamente, apesar de Arce ter chegado à presidência graças ao apoio popular que pedia o seu regresso. Esse veto gerou confrontos entre apoiantes de ambos os líderes. As tensões aumentaram com acusações mútuas, uma suposta tentativa de golpe, um atentado contra Evo e um clima de desconfiança generalizada.

Com as eleições a aproximar-se, voltou-se a usar o argumento do referendo de 2016 que negava a reeleição, embora nunca se tivesse esclarecido se isso se aplicava a mandatos não consecutivos. O Tribunal Supremo Eleitoral foi mais longe, retirando a sigla do partido para impedir a candidatura de Evo — algo que, segundo evidências, foi facilitado por subornos de Arce ao TSE. Isso provocou a fúria da base “evista” e confrontos com as forças repressivas do governo, que rotularam o “evismo” como selvagem e violento, numa narrativa típica do fascismo.

No plano internacional, durante a gestão de Arce, a Bolívia aderiu ao MERCOSUL e à aliança dos BRICS — conquistas que não resultaram do seu trabalho, mas do prestígio que Evo e Álvaro García Linera construíram com esforço durante as suas gestões.

Nesse contexto, surgiu uma nova figura eleitoral: Andrónico Rodríguez, que dizia representar a esquerda, mas sem a experiência ou o peso político necessários para conseguir a reunificação. O apelo de Evo ao voto nulo — consciente do seu carácter simbólico — acabou por ser uma jogada perigosa que abriu espaço para o avanço da direita.

Os resultados foram claros: 19,04% de votos nulos, 8,11% para Andrónico e 3,14% para Eduardo del Castillo, sucessor de Arce. Somados, davam 30,29%, contra 31,3% de Rodrigo Paz, do Partido Democrata Cristão — percentagem que, se unida num único candidato, teria permitido disputar uma segunda volta. Mas a divisão interna prevaleceu.

A traição de Arce ao impedir a candidatura de Evo, juntamente com o incentivo de Evo ao voto nulo, serviu a interesses pessoais e não aos do povo ou da revolução. Temos de reconhecer: os líderes estão onde estão porque decidimos apoiá-los. É hora de assumir essa responsabilidade e romper com a herança colonial que nos ensina a obedecer sem questionar.

Não devemos atacar os nossos irmãos — mesmo aqueles que não apoiam a nossa revolução, pois também são vítimas de manipulação. O verdadeiro inimigo são os líderes que se vendem ao império e promovem o fascismo e o ódio entre nós. Enquanto não entendermos isso, não poderemos levantar-nos nem recuperar a unidade que já tivemos. Espero que aprendamos essa lição antes que nos tirem os nossos recursos e só nos reste defender a nossa dignidade.

🇳🇱 Nederlands

Ik had altijd geloofd dat besluiteloosheid een gevaarlijk element is in elke samenleving. Gecombineerd met onverschilligheid kan het leiden tot geweld en haat, gevoed door manipulatie. Wie geen standpunt inneemt, mist oordeel en kritisch denken, en is kwetsbaarder voor externe krachten die een destructieve orde willen opleggen.

Daarom, en omdat mijn inzet voor mijn volk op het spel stond, probeerde ik altijd voorzichtig te zijn bij het bepalen van mijn standpunt. Bij verschillende gelegenheden uitte ik mijn bezorgdheid over de koers van de interne crisis binnen de Boliviaanse linkerzijde, een crisis die uiteindelijk een onstuitbare lawine zou worden. Ik besloot afstand te nemen van de leiders en me te richten op de wil van mijn volk, en accepteerde het verdriet dat het ballingschap van de leider met zich meebracht. Een leider die ooit geschiedenis had geschreven door Bolivia een voorbeeld van soevereiniteit en sociale rechtvaardigheid te maken, maar wiens daden in de huidige context moeilijk te rechtvaardigen waren. Toch besloot ik mijn steun te betuigen aan degene die mijn volk zo onvermoeibaar verdedigde.

Mijn politieke consistentie verhinderde echter dat ik het idee van een ongeldige stem steunde. Ik beschouwde het altijd als een verkeerde strategie: hoewel het een symbool van verzet of ontevredenheid kon zijn, versterkte het in werkelijkheid de ware vijand: het rechtse fascisme, dat verschillende gezichten op het stembiljet had. Als zij wonnen, zouden ze een systeem van vervolging van sociale bewegingen opleggen, opnieuw de stem van onze voorouders tot zwijgen brengen en onze goederen aan het imperialistische noorden overhandigen. Kortom, een totale achteruitgang voor het land dat minstens vijftien jaar lang zo moeizaam was opgebouwd. Dit besef van het naderende gevaar weerhield me ervan om voor een ongeldige stem te kiezen.

Waarschijnlijk was ik niet de enige die deze beslissing nam, maar het was niet genoeg: vandaag staan we voor het scenario dat we zo vreesden. Het is aan ons om onze verantwoordelijkheid te nemen; het is niet genoeg om de leiders de schuld te geven, want zij zijn leiders dankzij de steun die wij als volk geven. Kritisch zijn, maar op een constructieve manier, is essentieel om onze toekomst terug in eigen hand te nemen en fouten niet te herhalen.

De steun voor onze inheemse leider was sterk tijdens zijn eerste tien jaar van bestuur, jaren waarin duidelijke economische en sociale groei werd bereikt, ondersteund door statistische indicatoren. Totdat een lastercampagne begon — een veelvoorkomend patroon bij rechts, gefinancierd door het imperialisme —, ontworpen door experts uit de Verenigde Staten die het gemiddelde denkvermogen van een samenleving analyseren en de kwetsbaarste punten van een leider, in dit geval Evo, benutten om de publieke opinie te manipuleren en te veranderen.

Deze campagne, zelfs erkend door de auteurs als politieke strategie, vond plaats vóór het referendum van 21 februari 2016, waarin werd gevraagd of het artikel in de kieswet dat herverkiezing toestond, gewijzigd moest worden. Het resultaat was krap: “Ja” kreeg 48,7 % en “Nee” 51,3 %. Dit is een cruciaal gegeven om de huidige situatie te begrijpen, want ondanks dit resultaat stelde Evo Morales zich opnieuw kandidaat bij de verkiezingen van 2019. Zijn overwinning leidde tot sociale onrust die uitmondde in een staatsgreep.

Tijdens de staatsgreep bleef de steun voor Evo en de MAS massaal. Daarom won het partijherstel bij de democratische verkiezingen van 18 oktober 2020, met Luis Arce — voormalig minister van Economie en Financiën onder Evo — 55,11 % van de stemmen. De regering van Arce, gekenmerkt door economische achteruitgang en afstand van Evo, voedde echter het verlies aan prestige, zonder externe campagnes nodig te hebben.

Daarbovenop werd een ernstig feit toegevoegd: bij de terugkeer van Evo uit ballingschap werd zijn politieke deelname geweigerd, ondanks dat Arce aan de macht kwam dankzij de volkssteun die het terugkeer van Evo eiste. Dit verbod leidde tot confrontaties tussen aanhangers van beide leiders. De spanning groeide door wederzijdse beschuldigingen, een vermeende couppoging, een aanslag op Evo en een klimaat van algemeen wantrouwen.

Naarmate de verkiezingen naderden, werd het argument van het referendum van 2016 opnieuw naar voren gehaald, dat herverkiezing weigerde, hoewel nooit duidelijk was of dit ook gold voor niet-opeenvolgende herverkiezingen. Bovendien verwijderde het Hooggerechtshof van Bolivia de partijinitialen om de kandidatuur van Evo te verhinderen, iets dat volgens bewijs mogelijk werd vergemakkelijkt door omkoping van Arce aan het TSE. Dit ontketende de woede van een groot deel van de aanhangers van Evo en leidde tot confrontaties met de repressieve troepen van de regering, die het “Evisme” bestempelden als wreed en gewelddadig, een fascistische retoriek.

Op internationaal niveau trad Bolivia onder Arce toe tot MERCOSUR en de BRICS-alliantie, prestaties die niet voortkwamen uit zijn werk, maar uit de reputatie die Evo en Álvaro García Linera met inspanning hadden opgebouwd.

In deze context verscheen een nieuwe electorale speler: Andrónico Rodríguez, die beweerde de linkerzijde te vertegenwoordigen, maar zonder ervaring of politieke zwaartekracht om een hernieuwde eenheid te bewerkstelligen. Evo’s oproep tot een ongeldige stem, bewust van het symbolische karakter, bleek uiteindelijk een gevaarlijke zet die de weg openzette voor de opmars van rechts.

Het resultaat was duidelijk: 19,04 % ongeldige stemmen, 8,11 % voor Andrónico en 3,14 % voor Eduardo del Castillo, de opvolger van Arce. Opgeteld gaven ze 30,29 %, tegenover 31,3 % voor Rodrigo Paz, de best-gestemde kandidaat van de Democratisch-Christelijke Partij. Als deze percentages voor één vertegenwoordiger waren samengevoegd, hadden we de tweede ronde kunnen betwisten. Maar de interne verdeeldheid was sterker.

De verraad van Arce door Evo’s kandidatuur te verhinderen, samen met Evo’s aanmoediging van de ongeldige stem, dienden persoonlijke belangen, niet die van het volk of de revolutie. We moeten erkennen dat leiders daar zijn dankzij onze steun. Het is tijd onze verantwoordelijkheid te nemen en de koloniale erfenis te doorbreken die ons leert gehoorzamen zonder vragen te stellen.

We mogen elkaar niet aanvallen, zelfs degenen die onze revolutie niet steunen, omdat zij slachtoffers zijn van manipulatie. De echte vijand zijn leiders die zich aan het imperialisme verkopen en fascisme en haat tussen ons zaaien. Totdat we dit begrijpen, kunnen we ons niet herstellen of de eens bereikte eenheid terugwinnen. Hopelijk leren we de les voordat onze hulpbronnen ons worden ontnomen en ons alleen nog waardigheid resteert om te verdedigen.

lunes, 11 de agosto de 2025

CONALCIDES


           

English below - Nederlands onderaan 


Hay personas que una desearía no haber conocido nunca. Pero hay otras, como Alcides, a quienes lamento no haber conocido antes. Si hubiera sabido que nos dejaría tan pronto, habría guardado cada momento, cada experiencia y cada anécdota en un cofre de recuerdos valiosos.

Cuando se pierde a alguien, muchos encuentran consuelo en su fe, en una religión que habla de otro lugar, una continuación de la existencia en un espacio mejor, con la esperanza del reencuentro. Es una creencia que facilita la resignación.
En mi caso, mi elección consciente de ser atea implica renunciar a ese consuelo. Cada vez que pierdo a un ser querido, me toca aprender a superar el dolor aferrándome al recuerdo. Por eso considero que su paso por mi vida fue demasiado breve.

Mi llegada a CONAICOP fue reciente, pero intensa y llena de aprendizaje. Gracias a este proyecto —fundado por Alcides y otros compañeros— pude retomar un sueño que había quedado aparcado, aunque nunca olvidado: el de la comunicación. Más aún, Alcides me enseñó a verla como la trinchera que es, hoy más necesaria que nunca.

Aprendí con él que el comunicador no debe ser imparcial. Con Alcides Martínez aprendí a amar su revolución, la Revolución Bolivariana, y hacerla mía. Comprendí que su lucha es también nuestra lucha.

Alcides era, es y será el verbo que muchos aprendimos a conjugar: desde la comunicación hasta el compromiso de lucha y denuncia de las injusticias; desde la promoción del pensamiento crítico y la solidaridad, hasta darle al pueblo el protagonismo que merece. Lo hacía abrazando la diversidad, las identidades múltiples, los pueblos originarios, los movimientos sociales… y dando voz a quienes los medios hegemónicos e imperialistas silencian. Porque quien dice la verdad es temido, como lo fueron los 238 mártires de la comunicación asesinados en Palestina durante este genocidio.

Para mí, Alcides Martínez es más que un dolor y un recuerdo colectivos: es el lugar donde dejé de ser un monólogo aislado en medio de la indiferencia para convertirme en parte de una familia unida y comprometida. Es un sueño hecho realidad. Alcides es —en presente— pueblo, es revolución.

Hasta la victoria, siempre.


Nederlands

 

Er zijn mensen die je liever nooit had willen ontmoeten. Maar er zijn ook mensen, zoals Alcides, die ik graag veel eerder had leren kennen. Als ik had geweten dat hij ons zo vroeg zou verlaten, had ik elk moment, elke ervaring en elke anekdote zorgvuldig bewaard als kostbare herinneringen.

Wanneer iemand overlijdt, vinden velen troost in hun geloof, in een religie die spreekt over een andere plek — een voortzetting van het bestaan op een betere plaats — met de hoop elkaar weer te ontmoeten. Dat helpt om je neer te leggen bij het verlies.
In mijn geval betekent mijn bewuste keuze om atheïst te zijn dat ik dat soort troost niet heb. Elke keer dat ik iemand verlies, moet ik leren het verdriet te dragen door me vast te klampen aan de herinnering. Daarom voelt zijn aanwezigheid in mijn leven veel te kort.

Mijn komst bij CONAICOP is recent, maar intens en leerzaam geweest. Dankzij dit project — opgericht door Alcides en andere kameraden — kon ik een droom hervatten die ik opzij had gezet maar nooit vergeten was: werken in de communicatie. Meer nog, Alcides leerde me communicatie te zien als de strijdpositie die zij is, vandaag meer nodig dan ooit.

Van hem leerde ik dat een communicator niet onpartijdig hoeft te zijn. Met Alcides Martínez leerde ik zijn revolutie liefhebben — de Bolivariaanse Revolutie — en die tot de mijne te maken. Ik begreep dat zijn strijd ook onze strijd is.

Alcides was, is en zal het werkwoord zijn dat velen van ons leerden vervoegen: van communicatie tot het engagement om onrecht aan te klagen, van het stimuleren van kritisch denken en solidariteit tot het geven van een stem aan het volk. Dat deed hij door diversiteit te omarmen — inheemse volkeren, sociale bewegingen en vele andere identiteiten — en door een stem te geven aan wie door de imperialistische massamedia tot zwijgen wordt gebracht. Want wie de waarheid spreekt, wordt gevreesd, zoals de 238 gevallen communicatiewerkers in Palestina tijdens deze genocide.

Voor mij is Alcides Martínez meer dan een collectief verdriet en herinnering: hij is de plek waar ik ophield een eenzaam monoloog te zijn te midden van onverschilligheid, en deel werd van een hechte, toegewijde familie. Hij is een droom die werkelijkheid is geworden. Alcides is — in de tegenwoordige tijd — volk, hij is revolutie.

Hasta la victoria, siempre.


English 

There are people you wish you had never met. But there are others, like Alcides, whom I wish I had met much earlier. If I had known he would leave us so soon, I would have treasured every moment, every experience, and every story as a precious memory.

When someone is lost, many find comfort in their faith, in a religion that speaks of another place — a continuation of existence in a better space — with the hope of meeting again. That belief makes acceptance easier.
In my case, my conscious choice to be an atheist means I do not have that comfort. Each time I lose a loved one, I must learn to cope by holding on to memories. That is why I feel his time in my life was far too short.

My arrival at CONAICOP was recent, yet intense and full of learning. Thanks to this project — founded by Alcides and other comrades — I was able to revive a dream I had set aside but never forgotten: working in communication. More than that, Alcides taught me to see communication as a trench of struggle, more necessary today than ever.

From him, I learned that a communicator does not need to be neutral. With Alcides Martínez, I learned to love his revolution — the Bolivarian Revolution — and to make it my own. I understood that his fight is also our fight.

Alcides was, is, and will be the verb many of us learned to conjugate: from communication to the commitment to denounce injustice, from fostering critical thinking and solidarity to giving the people the voice they deserve. He embraced diversity — indigenous peoples, social movements, and many identities — and gave a voice to those silenced by imperialist mainstream media. Because those who tell the truth are feared, just like the 238 fallen communication martyrs in Palestine during this genocide.

For me, Alcides Martínez is more than a collective grief and memory: he is the place where I stopped being a lonely monologue in the midst of indifference and became part of a united, committed family. He is a dream come true. Alcides is — in the present tense — the people; he is revolution.

Hasta la victoria, siempre.

martes, 8 de julio de 2025

Discurso – Encuentro Europa por Cuba - Venecia 2025 - por Ana Wijnen



ES


Compañeras y compañeros:

El 27 de junio se celebró en Venezuela el Día del Periodista. Y hoy, más que nunca, quiero aprovechar esta ocasión para rendir homenaje —no a cifras ni estadísticas— sino a vidas humanas: las de los 230 periodistas y reporteros asesinados por las fuerzas sionistas desde el 7 de octubre de 2023, sin contar las víctimas en los 77 años de NAKBA.

Cada uno de ellos, como cada uno de nosotros aquí presentes, respiraba, comía, reía... y, sobre todo, tenía derecho a la vida, a la existencia, a la palabra. Periodistas que, ya sea por vocación o por compromiso, asumieron con valentía un rol fundamental: cámara en mano o con un teclado como única arma, denunciaron, informaron y ejercieron un derecho que también es deber: el de contar la verdad.

Ese derecho les fue arrebatado. Y con ellos, muchas veces también fueron silenciadas las voces de sus familias, de sus comunidades.

Quienes hoy nos reunimos en este espacio, lo hacemos desde el pensamiento crítico, desde la conciencia despierta. Hemos aprendido a distinguir la información de la manipulación, la realidad de la narrativa impuesta por el imperialismo mediático, ese que maquilla el crimen, justifica la ocupación y deshumaniza al oprimido.

Vivimos en un mundo entrenado para no dudar, para consumir sin cuestionar lo que los medios hegemónicos presentan como verdad absoluta. En ese juego sucio, quien se llama periodista puede terminar siendo víctima, cómplice o herramienta. Muchas veces por necesidad, por miedo, por supervivencia.

Porque esta no es una guerra en igualdad de condiciones. El sistema capitalista tiene el poder de difusión, el alcance, el dinero. Pero nosotros, compañeras y compañeros, tenemos la razón, el compromiso, y el corazón en su lugar.

De esa necesidad nace la lucha. Y de esa lucha nace también CONAICOP: el Consejo Nacional e Internacional de la Comunicación Popular, con raíces en Venezuela y con el acompañamiento solidario de plataformas como Europa por Cuba. Nuestra misión es clara: reivindicar el derecho a informar desde y para nuestros pueblos.

Nos llaman medios alternativos, pero nosotros defendemos verdades esenciales, aquellas que los grandes conglomerados silencian. Desde distintos rincones del planeta, estamos preparados para enfrentar la manipulación mediática, y difundir lo que más necesita el mundo hoy: humanidad, solidaridad y conciencia colectiva.

Por eso, estar hoy aquí y alzar la voz en solidaridad con Cuba es un acto justo y profundamente revolucionario. Porque va en contra de la campaña de desprestigio que el imperialismo ha promovido durante décadas, de las sanciones injustas que ha impuesto, y de la absurda inclusión de Cuba en listas de países patrocinadores del terrorismo.

Resulta paradójico que Estados Unidos —una nación que ha hecho de la guerra su negocio desde su independencia— pretenda criminalizar a un país que envía médicos y maestras, no soldados ni bombas. Mientras EE.UU. exporta tropas y terror, Cuba exporta salud y esperanza. Denunciar las sanciones es un acto de justicia, porque la verdad debe prevalecer. Y nuestra tarea como comunicadores conscientes es defender la soberanía, la dignidad y la Revolución cubana: esos son los principios que la han hecho resistente frente a décadas de agresión. La Revolución es del pueblo cubano, sí, pero también es bandera de lucha para todos los pueblos oprimidos. Cuba es símbolo de solidaridad, de dignidad, de resistencia. Defender a Cuba es defender un mundo más justo y humano.

Desde nuestras secretarías, abordamos temas políticos, sociales y culturales. Promovemos valores como el respeto y la empatía, no imponemos, invitamos al diálogo y a la reflexión, construimos desde la colaboración y la firmeza.

Por eso encuentros como este son tan necesarios. Para fortalecernos, para ampliar nuestras redes, para formarnos en los aprendizajes que nos deja la historia de lucha de nuestros pueblos. Y para recordar que no partimos de cero, que tenemos raíces profundas.

Nuestras revoluciones tienen nombre y rostro: Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos, Sucre, San Martín, Juana Azurduy, Manuela Sáenz, y más allá de América Latina, Lumumba, Mandela y tantas otras mujeres y hombres que dieron su vida buscando un mundo más justo.

Compañeros, compañeras: es nuestra responsabilidad que sus luchas no hayan sido en vano. Es nuestro compromiso mantener viva su memoria, difundir sus ideas, y seguir construyendo, palabra a palabra, la libertad y la dignidad de nuestros pueblos.

Por último, quisiera compartir unos versos libres, dedicados a quienes —como nosotros— dieron su vida en el campo de batalla de las comunicaciones:

Gran muestra de grandeza: 
que por ser temido, te mataron. 
Mataron tu cuerpo, mas no tus ideas.

Tu gatillo: captura imágenes. 
Tu palabra plasmada: crea conciencia.
Ingenuos los que te dispararon, 
pensaron que te callarían.

Pero el desolado viento guarda murmullos, 
murmullos con olor a carne quemada.
Murmullos que se convierten en gritos, 
gritos de terror ante la violencia, 
gritos de desesperación ante la injusticia.

No han destruido tu dignidad — está intacta.
Porque estás de pie en nuestras voces. 
Eres semilla de verdad y justicia. 
Eres viento, sol, agua. 
Eres invencible.


🇬🇧 -EN 


Comrades,

On June 27th, Journalist Day was celebrated in Venezuela. And today, more than ever, I want to take this occasion to pay tribute —not to numbers or statistics— but to human lives: the 230 journalists and reporters murdered by Zionist forces since October 7, 2023, not including the victims of 77 years of NAKBA.

Each of them, like each of us here, breathed, ate, laughed... and above all, had the right to live, to exist, to speak. Journalists who, whether by vocation or commitment, bravely assumed a fundamental role: camera in hand or with a keyboard as their only weapon, they denounced, reported, and exercised a right that is also a duty — to tell the truth.

That right was taken from them. And with them, the voices of their families and communities were often silenced too.

Those of us gathered here today do so from a place of critical thought and awakened consciousness. We have learned to distinguish information from manipulation, reality from the narrative imposed by media imperialism — the kind that disguises crime, justifies occupation, and dehumanizes the oppressed.

We live in a world trained not to doubt, to consume without questioning what hegemonic media present as absolute truth. In that dirty game, a so-called journalist can end up a victim, an accomplice, or a tool — sometimes out of necessity, fear, or survival.

This is not a war fought on equal terms. Capitalism holds the power of broadcast, of reach, of wealth. But we, comrades, hold truth, commitment, and heart.

That need gives birth to the struggle. And from that struggle, CONAICOP was born: the National and International Council of Popular Communication, rooted in Venezuela and supported by platforms like Europa por Cuba. Our mission is clear: to reclaim the right to inform from and for our people.

They call us alternative media, but we defend essential truths — those that major conglomerates keep silent. From different corners of the world, we are ready to confront media manipulation and spread what the world needs most today: humanity, solidarity, and collective awareness.

That is why being here today and raising our voice in solidarity with Cuba is a just and deeply revolutionary act. Because it goes against the smear campaign imperialism has pushed for decades, against the unjust sanctions it has imposed, and against the absurd inclusion of Cuba on lists of state sponsors of terrorism.

It is paradoxical that the United States —a country that has made war its business since its independence— tries to criminalize a nation that sends doctors and teachers, not soldiers or bombs. While the U.S. exports troops and terror, Cuba exports health and hope. To denounce the sanctions is an act of justice, because truth must prevail. And our duty as conscious communicators is to defend Cuba’s sovereignty, dignity, and Revolution — these are the principles that have made it resilient in the face of decades of aggression. The Revolution belongs to the Cuban people, yes — but it is also a flag of struggle for all oppressed peoples. Cuba is a symbol of solidarity, dignity, and resistance. To defend Cuba is to defend a more just and humane world.

From our secretariats, we address political, social, and cultural issues. We promote values like respect and empathy. We do not impose; we invite dialogue and reflection. We build through collaboration and firmness.

That is why gatherings like this are so necessary. To strengthen ourselves, to expand our networks, to learn from the struggles of our peoples. And to remember that we do not start from scratch — we have deep roots.

Our revolutions have names and faces: Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos, Sucre, San Martín, Juana Azurduy, Manuela Sáenz — and beyond Latin America, Lumumba, Mandela, and so many others who gave their lives for a more just world.

Comrades, it is our responsibility to ensure that their struggles were not in vain. It is our commitment to keep their memory alive, spread their ideas, and continue building, word by word, the freedom and dignity of our peoples.

Finally, I want to share a few free verses, dedicated to those —like us— who gave their lives on the battlefield of communication:

A great display of greatness:
that because you were feared, they killed you.
They killed your body,
but not your ideas.

Your trigger captured images.
Your words raised awareness.

Fools were those who shot you,
thinking they would silence you.

But the desolate wind keeps whispers,
whispers that smell of burnt flesh.

Whispers that become screams,
screams of terror at violence,
screams of despair at injustice.

They have not destroyed your dignity —
it remains intact.

Because you stand in our voices.
You are a seed of truth and justice.
You are wind, sun, water.
You are invincible.


🇳🇱 


Kameraden,

Op 27 juni werd in Venezuela de Dag van de Journalist gevierd. En vandaag wil ik van deze gelegenheid gebruik maken om hulde te brengen — niet aan cijfers of statistieken — maar aan mensenlevens: de 230 journalisten en verslaggevers die sinds 7 oktober 2023 zijn vermoord door zionistische troepen, exclusief de slachtoffers van 77 jaar NAKBA

Iedereen van hen, net als wij hier, ademde, at, lachte... en bovenal hadden ze recht op leven, op bestaan, op het woord. Journalisten die, uit roeping of uit overtuiging, met moed een fundamentele rol op zich namen: met een camera in de hand of een toetsenbord als enige wapen, brachten ze verslag uit, klaagden ze onrecht aan, en oefenden ze een recht uit dat ook een plicht is: de waarheid vertellen.

Dat recht werd hun ontnomen. En daarmee werden vaak ook de stemmen van hun families en gemeenschappen het zwijgen opgelegd.

Wij die ons hier vandaag verzamelen, doen dat vanuit kritisch denken en een wakkere geest. We hebben geleerd het verschil te zien tussen informatie en manipulatie, tussen werkelijkheid en het verhaal dat het mediaimperium ons oplegt — dat misdaden verbloemt, bezetting rechtvaardigt en de onderdrukte ontmenselijkt.

We leven in een wereld die is getraind om niet te twijfelen, om zonder vragen te consumeren wat de dominante media presenteren als de absolute waarheid. In dat vuile spel kan een journalist slachtoffer, medeplichtige of werktuig worden. Vaak uit noodzaak, uit angst of uit overlevingsdrang.

Want dit is geen oorlog tussen gelijken. Het kapitalistische systeem heeft de macht over verspreiding, bereik en geld. Maar wij, kameraden, hebben de waarheid, de toewijding en het hart op de juiste plaats.

Uit die noodzaak ontstaat strijd. En uit die strijd is CONAICOP geboren: de Nationale en Internationale Raad voor Volkscommunicatie, met wortels in Venezuela en gesteund door solidariteitsplatforms zoals Europa por Cuba. Onze missie is duidelijk: het recht op informatie vanuit en voor onze volkeren herwinnen.

Men noemt ons alternatieve media, maar wij verdedigen essentiële waarheden — die waar grote mediaconcerns over zwijgen. Vanuit alle hoeken van de wereld zijn we klaar om mediadeceptie te bestrijden, en dat te verspreiden wat de wereld nu het meest nodig heeft: menselijkheid, solidariteit en collectief bewustzijn.

Daarom is het vandaag hier zijn, en onze stem verheffen in solidariteit met Cuba, een rechtvaardige en diep revolutionaire daad. Want het gaat in tegen de lastercampagne die het imperialisme al tientallen jaren voert, tegen de onrechtvaardige sancties die het oplegt, en tegen de absurde opname van Cuba op lijsten van landen die terrorisme steunen.

Het is ironisch dat de Verenigde Staten —een land dat sinds zijn onafhankelijkheid oorlog als handelswaar beschouwt— een land probeert te criminaliseren dat artsen en leerkrachten stuurt, geen soldaten of bommen. Terwijl de VS troepen en terreur exporteert, exporteert Cuba gezondheid en hoop. Het aan de kaak stellen van sancties is een daad van gerechtigheid, want de waarheid moet zegevieren. En onze taak als bewuste communicators is het verdedigen van de soevereiniteit, waardigheid en Revolutie van Cuba — dat zijn de principes die het decennialang hebben staande gehouden tegen agressie. De Revolutie behoort toe aan het Cubaanse volk, ja, maar is ook een strijdvlag voor alle onderdrukte volkeren. Cuba is een symbool van solidariteit, waardigheid en verzet. Cuba verdedigen is opkomen voor een rechtvaardigere en menselijkere wereld.

Vanuit onze secretariaten behandelen we politieke, sociale en culturele thema’s. We bevorderen waarden als respect en empathie. We leggen niets op, maar nodigen uit tot dialoog en reflectie. We bouwen samen, vastberaden en verbonden.

Daarom zijn bijeenkomsten als deze zo belangrijk. Om sterker te worden, om netwerken uit te breiden, om te leren uit de strijdgeschiedenis van onze volkeren. En om te herinneren dat we niet vanaf nul beginnen — we hebben diepe wortels.

Onze revoluties hebben namen en gezichten: Bolívar, Martí, Hidalgo, Morelos, Sucre, San Martín, Juana Azurduy, Manuela Sáenz — en buiten Latijns-Amerika: Lumumba, Mandela, en zovele anderen die hun leven gaven voor een rechtvaardige wereld.

Kameraden, het is onze verantwoordelijkheid om te zorgen dat hun strijd niet tevergeefs was. Het is onze opdracht om hun herinnering levend te houden, hun ideeën te verspreiden en woord voor woord te blijven bouwen aan de vrijheid en waardigheid van onze volkeren.

Tot slot wil ik enkele vrije verzen delen, opgedragen aan hen — zoals wij — die hun leven gaven op het slagveld van de communicatie:

Een grote daad van grootsheid:
omdat men bang voor je was, heeft men je gedood.
Je lichaam werd gedood,
maar niet je ideeën.

Je trekker: legde beelden vast.
Je woorden: wekten bewustzijn.

Dwazen waren zij die je neerschoten,
ze dachten dat je zou zwijgen.

Maar de verlaten wind draagt gefluister mee,
gefluister met de geur van verbrande huid.

Gefluister dat verandert in geschreeuw,
geschreeuw van angst voor het geweld,
geschreeuw van wanhoop om het onrecht.

Je waardigheid is niet vernietigd —
die blijft onaangetast.

Want jij leeft voort in onze stemmen.
Jij bent zaad van waarheid en rechtvaardigheid.
Jij bent wind, zon, water.

          Jij bent onoverwinnelijk. 

VISIBILIDADES

  Mapiripan by Leopoldo Esteban  Académie de dessin et des arts visuels Molenbeek Español English Nederlands Português