martes, 19 de agosto de 2025

Sin Unidad, No Hay Estado Plurinacional/ No Plurinational State Without Unity/ Não Há Estado Plurinacional sem Unidade/ Geen Plurinationale Staat zonder Eenheid

por Ana Wijnen




English below

Português abaixo

Nederlands hieronder    

🇪🇸 Español

Siempre había creído que la indecisión era un elemento peligroso en cualquier sociedad. Combinada con la indiferencia, puede llevar a la violencia y al odio, alimentados por la manipulación. Quien no se define carece de criterio y pensamiento crítico, y es más vulnerable a fuerzas externas que buscan imponer un orden destructor.

Por eso, y porque estaba en juego mi compromiso con mi pueblo, procuré en cada momento ser cuidadosa al definir una postura. En distintas ocasiones expresé mi preocupación por el rumbo que estaba tomando la crisis interna que se gestaba en la izquierda boliviana, crisis que terminaría convirtiéndose en una avalancha imposible de detener. Decidí entonces tomar distancia de los líderes y enfocarme en la voluntad de mi gente, asumiendo así el dolor que significó el destierro del líder. Un líder que, en su momento, había hecho historia, convirtiendo a Bolivia en un ejemplo de soberanía y reivindicación social; pero que, en la coyuntura actual, no lograba justificar con sus actos. Aun así, decidí manifestar mi apoyo a quien mi pueblo defendía con tanto empeño.

Sin embargo, mi coherencia política me impedía apoyar la idea del voto nulo. Siempre la consideré una estrategia equivocada: aunque podía ser símbolo de resistencia o inconformismo, en la práctica no pasaba de ahí y, a la hora de la verdad, fortalecía al verdadero enemigo: el fascismo de derecha, que tenía varios rostros en la papeleta. De ganar, impondrían un sistema de persecución a los movimientos sociales, acallarían nuevamente la voz reivindicativa de nuestros ancestros y entregarían en bandeja nuestros recursos al imperio asesino del norte. En definitiva, un retroceso total para el país que tanto había costado construir durante, al menos, quince años. Esa conciencia del desastre que podía avecinarse fue lo que me impidió optar por el voto nulo.

Probablemente no fui la única en tomar esa decisión, pero no fue suficiente: hoy enfrentamos ese escenario que tanto temíamos. Nos corresponde asumir nuestra cuota de responsabilidad; no basta con culpar a los líderes, porque si son líderes, lo son gracias al respaldo que les damos como pueblo. Ser críticos, pero de manera constructiva, es clave para recuperar las riendas de nuestro futuro y no repetir errores.

El apoyo a nuestro líder indígena fue sólido durante sus primeros diez años de gestión, años en los que se alcanzó un crecimiento económico y social innegable, con indicadores estadísticos claros. Hasta que comenzó una campaña de desprestigio —un patrón muy común en la derecha, financiado por el imperio—, diseñada por expertos de Estados Unidos que analizan el pensamiento promedio de una sociedad y explotan los puntos más vulnerables de un líder, en este caso Evo, para manipular y cambiar la opinión pública.

Dicha campaña, reconocida incluso por sus propios autores como estrategia política, se desplegó antes del referéndum del 21 de febrero de 2016, en el que se preguntaba si se modificaba el artículo correspondiente del Código Electoral para permitir la reelección. El resultado fue ajustado: el “Sí” obtuvo el 48,7 % y el “No” el 51,3 %. Este hecho es clave para entender lo que vivimos hoy, porque, pese a este resultado, Evo Morales volvió a presentarse como candidato en las elecciones de 2019. Su victoria fue seguida por un estallido social que derivó en un golpe de Estado.

Durante el golpe, el apoyo a Evo y al MAS se mantuvo masivo. Por eso, cuando el partido regresó al escenario democrático el 18 de octubre de 2020 con Luis Arce —exministro de Economía y Finanzas durante el gobierno de Evo—, ganó con el 55,11 % de los votos. Sin embargo, la gestión de Arce, marcada por un declive económico y el distanciamiento hacia Evo, alimentó el desprestigio sin necesidad de campañas externas.

A esto se sumó un hecho grave: al volver Evo del exilio se le negó su participación política, a pesar de que Arce había llegado a la presidencia gracias al apoyo popular que pedía el regreso de Evo. Este veto generó enfrentamientos entre simpatizantes de ambos líderes. La tensión creció con acusaciones cruzadas, un supuesto intento de golpe, un atentado contra Evo y un clima de desconfianza generalizada.

Con las elecciones acercándose, se desempolvó el argumento del referéndum del 2016 que negó la reelección, aunque nunca se había aclarado si esto aplicaba a reelecciones no consecutivas. El Tribunal Supremo Electoral, además, eliminó la sigla del partido para impedir la candidatura de Evo, algo que, según evidencias, fue facilitado por sobornos de Arce al TSE. Esto encendió la furia de gran parte de la base evista y provocó enfrentamientos con las fuerzas represivas del gobierno, que tildaron al “evismo” de salvaje y violento, una narrativa propia del fascismo.

En el plano internacional, durante la gestión de Arce, Bolivia ingresó al MERCOSUR y a la alianza de los BRICS, logros que no provinieron de su trabajo, sino del prestigio que Evo y Álvaro García Linera habían construido con esfuerzo durante sus gestiones.

En este contexto apareció un nuevo actor electoral: Andrónico Rodríguez, que decía representar a la izquierda, pero sin la experiencia ni el peso político necesarios para lograr la reunificación. El llamado de Evo al voto nulo, consciente de su carácter simbólico, terminó siendo una jugada peligrosa que abrió la puerta al avance de la derecha.

El resultado fue claro: 19,04 % de votos nulos, 8,11 % para Andrónico y 3,14 % para Eduardo del Castillo, el sucesor de Arce. Sumados, daban un 30,29 %, frente al 31,3 % de Rodrigo Paz, el candidato más votado del Partido Democrático Cristiano, de haber sumado esos porcentajes a favor de un único representante nos habría permitido disputar una segunda vuelta. Pero la división interna fue más fuerte.

La traición de Arce al impedir la candidatura de Evo, junto con el impulso de Evo al voto nulo, responden a intereses personales, no a los del pueblo ni a la defensa de la revolución. Debemos reconocerlo: los líderes están ahí por nuestra decisión de apoyarlos. Es hora de asumir nuestra responsabilidad y romper con la herencia colonial que nos enseña a obedecer sin cuestionar.

No debemos atacarnos entre hermanos —incluso aquellos que no apoyan nuestra revolución, porque son víctimas de la manipulación—. El verdadero enemigo son los líderes que se venden al imperio y promueven el fascismo y el odio entre nosotros. Hasta que no entendamos esto, no podremos levantarnos ni recuperar la unidad que alguna vez alcanzamos. Ojalá aprendamos la lección antes de que nos arrebaten nuestros recursos y solo nos quede defender nuestra dignidad.

🇬🇧 English

I had always believed that indecision is a dangerous element in any society. Combined with indifference, it can lead to violence and hatred, fueled by manipulation. Those who refuse to take a stand lack judgment and critical thinking, making them vulnerable to external forces seeking to impose a destructive order.

That is why, and because my commitment to my people was at stake, I made sure to be cautious in defining my stance at every moment. On several occasions, I expressed my concern about the course of the internal crisis brewing within Bolivia’s left, a crisis that would eventually become an unstoppable avalanche. I decided to distance myself from the leaders and focus on the will of my people, while enduring the pain of seeing our leader exiled—a leader who, at one point, had made history by turning Bolivia into a symbol of sovereignty and social justice, yet whose recent actions I could no longer justify. Still, I chose to stand with the leader my people defended so fiercely.

However, my political consistency prevented me from supporting the idea of casting a null vote. I had always considered it a misguided strategy: while it could symbolize resistance or dissent, in practice it amounted to nothing more—and, ultimately, it strengthened the true enemy: right-wing fascism, represented by several candidates on the ballot. If they were to win, they would impose a system of persecution against social movements, once again silence the voices of our ancestors, and hand over our resources on a silver platter to the murderous imperialist power from the North. In short, it would mean a complete regression for a country that had taken at least fifteen years to build. That awareness of the looming disaster was what stopped me from choosing the null vote.

I was likely not the only one who made that choice, but it was not enough: today we face the very scenario we feared. We must each take responsibility; it is not enough to blame the leaders, because if they are leaders, it is thanks to the support we, as a people, give them. Being critical, yet constructive, is essential to regain control of our future and avoid repeating mistakes.

Support for our Indigenous leader was strong during his first ten years in office, years in which undeniable economic and social progress was achieved, with clear statistical indicators. Until a smear campaign began—a pattern all too common from the right, financed by the empire—designed by U.S. experts who study the average mindset of a society and exploit the most vulnerable traits of a leader, in this case Evo, to manipulate and sway public opinion.

This campaign, even acknowledged by its own architects as a political strategy, was deployed before the February 21, 2016 referendum, which asked whether the relevant article of the Electoral Code should be amended to allow re-election. The result was close: 48.7% voted “Yes” and 51.3% voted “No.” This fact is key to understanding our current reality because, despite the result, Evo Morales once again ran as a candidate in the 2019 elections. His victory was followed by a social uprising that led to a coup d’état.

During the coup, support for Evo and MAS remained massive. That is why, when the party returned to the democratic arena on October 18, 2020, with Luis Arce—former Minister of Economy and Finance under Evo—as its candidate, it won with 55.11% of the vote. However, Arce’s administration, marked by economic decline and distancing from Evo, fueled discontent without the need for external campaigns.

To make matters worse, when Evo returned from exile, he was denied political participation, despite Arce having risen to the presidency with the backing of those who wanted Evo’s return. This veto triggered clashes between supporters of both leaders. Tensions escalated with mutual accusations, an alleged coup attempt, an assassination attempt on Evo, and a climate of widespread distrust.

As the elections drew near, the argument from the 2016 referendum rejecting re-election resurfaced, though it had never been clarified whether it applied to non-consecutive terms. The Supreme Electoral Tribunal went further, removing the party’s official registration to block Evo’s candidacy—something that, according to evidence, was facilitated by Arce bribing the TSE. This sparked fury among the “Evista” base and led to confrontations with government security forces, which labeled “Evismo” as savage and violent—a narrative typical of fascism.

Internationally, during Arce’s term, Bolivia joined MERCOSUR and the BRICS alliance—achievements not born of his own work, but of the prestige that Evo and Álvaro García Linera had painstakingly built during their administrations.

In this context, a new electoral figure emerged: Andrónico Rodríguez, claiming to represent the left, yet lacking the experience and political weight to achieve reunification. Evo’s call for a null vote—aware of its symbolic nature—ultimately proved to be a dangerous move that opened the door for the right to advance.

The results were clear: 19.04% null votes, 8.11% for Andrónico, and 3.14% for Eduardo del Castillo, Arce’s successor. Combined, that was 30.29%, compared to 31.3% for Rodrigo Paz of the Christian Democratic Party—figures that, united behind a single candidate, could have taken us to a second round. But internal division prevailed.

Arce’s betrayal in blocking Evo’s candidacy, together with Evo’s push for the null vote, served personal interests rather than those of the people or the revolution. We must face the truth: leaders are where they are because we choose to support them. It is time to take responsibility and break free from the colonial mindset that teaches us to obey without questioning.

We must stop attacking our own brothers and sisters—even those who do not support our revolution, for they too are victims of manipulation. The true enemy is the leadership that sells itself to the empire and fuels fascism and hatred among us. Until we understand this, we will not be able to rise again or recover the unity we once achieved. I only hope we learn the lesson before our resources are stolen and all we have left to defend is our dignity.

🇵🇹 Português

Sempre acreditei que a indecisão é um elemento perigoso em qualquer sociedade. Combinada com a indiferença, pode levar à violência e ao ódio, alimentados pela manipulação. Quem não se posiciona carece de critério e de pensamento crítico, tornando-se mais vulnerável a forças externas que buscam impor uma ordem destrutiva.

Por isso, e porque estava em jogo o meu compromisso com o meu povo, procurei em cada momento ser cuidadosa ao definir a minha postura. Em diversas ocasiões, manifestei preocupação com o rumo da crise interna que se formava na esquerda boliviana, uma crise que acabaria se transformando numa avalanche impossível de conter. Decidi, então, afastar-me dos líderes e focar-me na vontade do meu povo, assumindo a dor de ver o nosso líder exilado — um líder que, em seu tempo, fez história, transformando a Bolívia num exemplo de soberania e de justiça social, mas que, na conjuntura atual, já não conseguia justificar com seus atos. Ainda assim, optei por apoiar aquele que o meu povo defendia com tanto empenho.

No entanto, a minha coerência política impediu-me de apoiar a ideia do voto nulo. Sempre considerei essa uma estratégia equivocada: embora pudesse simbolizar resistência ou inconformismo, na prática não ia além disso e, no fim das contas, fortalecia o verdadeiro inimigo: o fascismo de direita, representado por vários candidatos na urna. Se vencessem, imporiam um sistema de perseguição aos movimentos sociais, silenciariam novamente a voz reivindicativa dos nossos ancestrais e entregariam de bandeja os nossos recursos ao império assassino do Norte. Seria um retrocesso total para um país que levou pelo menos quinze anos a construir. Essa consciência do desastre iminente foi o que me impediu de escolher o voto nulo.

Provavelmente não fui a única a tomar essa decisão, mas não foi suficiente: hoje enfrentamos o cenário que tanto temíamos. Cabe-nos assumir a nossa parte de responsabilidade; não basta culpar os líderes, porque se eles são líderes é graças ao apoio que lhes damos como povo. Ser críticos, mas de forma construtiva, é fundamental para retomar o controle do nosso futuro e não repetir erros.

O apoio ao nosso líder indígena foi sólido durante os primeiros dez anos de governo, anos em que houve um crescimento económico e social inegável, com indicadores claros. Até que começou uma campanha de difamação — um padrão muito comum na direita, financiado pelo império —, concebida por especialistas dos EUA que estudam o pensamento médio de uma sociedade e exploram os pontos mais vulneráveis de um líder, neste caso Evo, para manipular e alterar a opinião pública.

Essa campanha, reconhecida até pelos seus próprios autores como estratégia política, foi lançada antes do referendo de 21 de fevereiro de 2016, que perguntava se se devia modificar o artigo correspondente do Código Eleitoral para permitir a reeleição. O resultado foi apertado: 48,7% votaram “Sim” e 51,3% “Não”. Este facto é chave para compreender a situação atual, pois, apesar do resultado, Evo Morales voltou a candidatar-se nas eleições de 2019. A sua vitória foi seguida por uma revolta social que levou a um golpe de Estado.

Durante o golpe, o apoio a Evo e ao MAS manteve-se massivo. Por isso, quando o partido voltou ao cenário democrático a 18 de outubro de 2020, com Luis Arce — ex-ministro da Economia e Finanças durante o governo de Evo — como candidato, venceu com 55,11% dos votos. No entanto, a gestão de Arce, marcada pelo declínio económico e pelo afastamento em relação a Evo, alimentou o desprestígio sem necessidade de campanhas externas.

O pior veio quando, ao regressar do exílio, Evo foi impedido de participar politicamente, apesar de Arce ter chegado à presidência graças ao apoio popular que pedia o seu regresso. Esse veto gerou confrontos entre apoiantes de ambos os líderes. As tensões aumentaram com acusações mútuas, uma suposta tentativa de golpe, um atentado contra Evo e um clima de desconfiança generalizada.

Com as eleições a aproximar-se, voltou-se a usar o argumento do referendo de 2016 que negava a reeleição, embora nunca se tivesse esclarecido se isso se aplicava a mandatos não consecutivos. O Tribunal Supremo Eleitoral foi mais longe, retirando a sigla do partido para impedir a candidatura de Evo — algo que, segundo evidências, foi facilitado por subornos de Arce ao TSE. Isso provocou a fúria da base “evista” e confrontos com as forças repressivas do governo, que rotularam o “evismo” como selvagem e violento, numa narrativa típica do fascismo.

No plano internacional, durante a gestão de Arce, a Bolívia aderiu ao MERCOSUL e à aliança dos BRICS — conquistas que não resultaram do seu trabalho, mas do prestígio que Evo e Álvaro García Linera construíram com esforço durante as suas gestões.

Nesse contexto, surgiu uma nova figura eleitoral: Andrónico Rodríguez, que dizia representar a esquerda, mas sem a experiência ou o peso político necessários para conseguir a reunificação. O apelo de Evo ao voto nulo — consciente do seu carácter simbólico — acabou por ser uma jogada perigosa que abriu espaço para o avanço da direita.

Os resultados foram claros: 19,04% de votos nulos, 8,11% para Andrónico e 3,14% para Eduardo del Castillo, sucessor de Arce. Somados, davam 30,29%, contra 31,3% de Rodrigo Paz, do Partido Democrata Cristão — percentagem que, se unida num único candidato, teria permitido disputar uma segunda volta. Mas a divisão interna prevaleceu.

A traição de Arce ao impedir a candidatura de Evo, juntamente com o incentivo de Evo ao voto nulo, serviu a interesses pessoais e não aos do povo ou da revolução. Temos de reconhecer: os líderes estão onde estão porque decidimos apoiá-los. É hora de assumir essa responsabilidade e romper com a herança colonial que nos ensina a obedecer sem questionar.

Não devemos atacar os nossos irmãos — mesmo aqueles que não apoiam a nossa revolução, pois também são vítimas de manipulação. O verdadeiro inimigo são os líderes que se vendem ao império e promovem o fascismo e o ódio entre nós. Enquanto não entendermos isso, não poderemos levantar-nos nem recuperar a unidade que já tivemos. Espero que aprendamos essa lição antes que nos tirem os nossos recursos e só nos reste defender a nossa dignidade.

🇳🇱 Nederlands

Ik had altijd geloofd dat besluiteloosheid een gevaarlijk element is in elke samenleving. Gecombineerd met onverschilligheid kan het leiden tot geweld en haat, gevoed door manipulatie. Wie geen standpunt inneemt, mist oordeel en kritisch denken, en is kwetsbaarder voor externe krachten die een destructieve orde willen opleggen.

Daarom, en omdat mijn inzet voor mijn volk op het spel stond, probeerde ik altijd voorzichtig te zijn bij het bepalen van mijn standpunt. Bij verschillende gelegenheden uitte ik mijn bezorgdheid over de koers van de interne crisis binnen de Boliviaanse linkerzijde, een crisis die uiteindelijk een onstuitbare lawine zou worden. Ik besloot afstand te nemen van de leiders en me te richten op de wil van mijn volk, en accepteerde het verdriet dat het ballingschap van de leider met zich meebracht. Een leider die ooit geschiedenis had geschreven door Bolivia een voorbeeld van soevereiniteit en sociale rechtvaardigheid te maken, maar wiens daden in de huidige context moeilijk te rechtvaardigen waren. Toch besloot ik mijn steun te betuigen aan degene die mijn volk zo onvermoeibaar verdedigde.

Mijn politieke consistentie verhinderde echter dat ik het idee van een ongeldige stem steunde. Ik beschouwde het altijd als een verkeerde strategie: hoewel het een symbool van verzet of ontevredenheid kon zijn, versterkte het in werkelijkheid de ware vijand: het rechtse fascisme, dat verschillende gezichten op het stembiljet had. Als zij wonnen, zouden ze een systeem van vervolging van sociale bewegingen opleggen, opnieuw de stem van onze voorouders tot zwijgen brengen en onze goederen aan het imperialistische noorden overhandigen. Kortom, een totale achteruitgang voor het land dat minstens vijftien jaar lang zo moeizaam was opgebouwd. Dit besef van het naderende gevaar weerhield me ervan om voor een ongeldige stem te kiezen.

Waarschijnlijk was ik niet de enige die deze beslissing nam, maar het was niet genoeg: vandaag staan we voor het scenario dat we zo vreesden. Het is aan ons om onze verantwoordelijkheid te nemen; het is niet genoeg om de leiders de schuld te geven, want zij zijn leiders dankzij de steun die wij als volk geven. Kritisch zijn, maar op een constructieve manier, is essentieel om onze toekomst terug in eigen hand te nemen en fouten niet te herhalen.

De steun voor onze inheemse leider was sterk tijdens zijn eerste tien jaar van bestuur, jaren waarin duidelijke economische en sociale groei werd bereikt, ondersteund door statistische indicatoren. Totdat een lastercampagne begon — een veelvoorkomend patroon bij rechts, gefinancierd door het imperialisme —, ontworpen door experts uit de Verenigde Staten die het gemiddelde denkvermogen van een samenleving analyseren en de kwetsbaarste punten van een leider, in dit geval Evo, benutten om de publieke opinie te manipuleren en te veranderen.

Deze campagne, zelfs erkend door de auteurs als politieke strategie, vond plaats vóór het referendum van 21 februari 2016, waarin werd gevraagd of het artikel in de kieswet dat herverkiezing toestond, gewijzigd moest worden. Het resultaat was krap: “Ja” kreeg 48,7 % en “Nee” 51,3 %. Dit is een cruciaal gegeven om de huidige situatie te begrijpen, want ondanks dit resultaat stelde Evo Morales zich opnieuw kandidaat bij de verkiezingen van 2019. Zijn overwinning leidde tot sociale onrust die uitmondde in een staatsgreep.

Tijdens de staatsgreep bleef de steun voor Evo en de MAS massaal. Daarom won het partijherstel bij de democratische verkiezingen van 18 oktober 2020, met Luis Arce — voormalig minister van Economie en Financiën onder Evo — 55,11 % van de stemmen. De regering van Arce, gekenmerkt door economische achteruitgang en afstand van Evo, voedde echter het verlies aan prestige, zonder externe campagnes nodig te hebben.

Daarbovenop werd een ernstig feit toegevoegd: bij de terugkeer van Evo uit ballingschap werd zijn politieke deelname geweigerd, ondanks dat Arce aan de macht kwam dankzij de volkssteun die het terugkeer van Evo eiste. Dit verbod leidde tot confrontaties tussen aanhangers van beide leiders. De spanning groeide door wederzijdse beschuldigingen, een vermeende couppoging, een aanslag op Evo en een klimaat van algemeen wantrouwen.

Naarmate de verkiezingen naderden, werd het argument van het referendum van 2016 opnieuw naar voren gehaald, dat herverkiezing weigerde, hoewel nooit duidelijk was of dit ook gold voor niet-opeenvolgende herverkiezingen. Bovendien verwijderde het Hooggerechtshof van Bolivia de partijinitialen om de kandidatuur van Evo te verhinderen, iets dat volgens bewijs mogelijk werd vergemakkelijkt door omkoping van Arce aan het TSE. Dit ontketende de woede van een groot deel van de aanhangers van Evo en leidde tot confrontaties met de repressieve troepen van de regering, die het “Evisme” bestempelden als wreed en gewelddadig, een fascistische retoriek.

Op internationaal niveau trad Bolivia onder Arce toe tot MERCOSUR en de BRICS-alliantie, prestaties die niet voortkwamen uit zijn werk, maar uit de reputatie die Evo en Álvaro García Linera met inspanning hadden opgebouwd.

In deze context verscheen een nieuwe electorale speler: Andrónico Rodríguez, die beweerde de linkerzijde te vertegenwoordigen, maar zonder ervaring of politieke zwaartekracht om een hernieuwde eenheid te bewerkstelligen. Evo’s oproep tot een ongeldige stem, bewust van het symbolische karakter, bleek uiteindelijk een gevaarlijke zet die de weg openzette voor de opmars van rechts.

Het resultaat was duidelijk: 19,04 % ongeldige stemmen, 8,11 % voor Andrónico en 3,14 % voor Eduardo del Castillo, de opvolger van Arce. Opgeteld gaven ze 30,29 %, tegenover 31,3 % voor Rodrigo Paz, de best-gestemde kandidaat van de Democratisch-Christelijke Partij. Als deze percentages voor één vertegenwoordiger waren samengevoegd, hadden we de tweede ronde kunnen betwisten. Maar de interne verdeeldheid was sterker.

De verraad van Arce door Evo’s kandidatuur te verhinderen, samen met Evo’s aanmoediging van de ongeldige stem, dienden persoonlijke belangen, niet die van het volk of de revolutie. We moeten erkennen dat leiders daar zijn dankzij onze steun. Het is tijd onze verantwoordelijkheid te nemen en de koloniale erfenis te doorbreken die ons leert gehoorzamen zonder vragen te stellen.

We mogen elkaar niet aanvallen, zelfs degenen die onze revolutie niet steunen, omdat zij slachtoffers zijn van manipulatie. De echte vijand zijn leiders die zich aan het imperialisme verkopen en fascisme en haat tussen ons zaaien. Totdat we dit begrijpen, kunnen we ons niet herstellen of de eens bereikte eenheid terugwinnen. Hopelijk leren we de les voordat onze hulpbronnen ons worden ontnomen en ons alleen nog waardigheid resteert om te verdedigen.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

INVISIBILIDADES 2

Español Nederlands English Português