jueves, 21 de mayo de 2026

LOS INVISIBLES (EN, NL, PT)


Bolivia vuelve a ocupar titulares y protagonismo en un escenario geopolítico muy complejo, atravesado por los múltiples tentáculos del mismo actor imperialista y colonial. En publicaciones anteriores ya había hablado del proceso deshumanizador que los intereses externos promueven para dividir a las sociedades y hacerlas más vulnerables al saqueo. Incluso, en una de ellas, realicé una crítica al liderazgo de las bases que impulsaron el voto nulo y terminaron contribuyendo al fracaso de las últimas elecciones presidenciales.

Mi paso por el país, concretamente por la ciudad de La Paz, me reveló una realidad mucho más compleja. La izquierda, y todo lo que mínimamente se le pareciera, había desaparecido: enterrada, silenciada, como si se quisiera borrar de la memoria colectiva. Vi indiferencia y frialdad. Me sorprendió la ausencia de pensamiento crítico y la manera en que se miraba con molestia, incluso con asco, a los pequeños colectivos que salían a protestar: insignificantes, incómodos, molestos para una ciudad anestesiada.

Supe después que en otros escenarios, por ejemplo Cochabamba, existía una mayor constancia combativa; un contraste tremendo con la sede de gobierno.

Ahora entiendo que aquel silencio que percibí durante mi estadía era precisamente el silencio que precede a la tormenta. El castillo de arena que ese gobierno había construido comenzaba a desmoronarse al intentar reimplantar medidas y leyes favorables a los grandes empresarios: un proceso que todos los gobiernos anteriores a 2006, sin excepción, habían aplicado para hacer a unos cuantos más ricos mientras el pueblo se empobrecía.

Las reformas revolucionarias que siguieron a partir de 2006, con Evo Morales en el gobierno, mostraron al mundo que otro modelo era posible. Se dio visibilidad a quien nadie quería ver: al “indio”. Se construyó un modelo social y gubernamental que incluyó a quienes antes solo eran concebidos como servidumbre, el único lugar que la oligarquía les concedía a quienes venían del campo. De repente, aquellos a quienes el colonialismo les había arrebatado su valor humano comenzaron a sentir orgullo de sus raíces y a decidir sobre el futuro de su país.

La nacionalización de los recursos abrió paso a mejoras reales en la vida cotidiana: fortaleció la canasta familiar, permitió invertir en educación y sacó a Bolivia del lugar de país más pobre de Sudamérica. Los oligarcas sufrieron ese cambio porque, por primera vez, los beneficios dejaron de concentrarse exclusivamente en ellos y comenzaron a llegar al pueblo boliviano.

Pero, como era de esperar, un país que toma las riendas de sus bienes y de su futuro, un país con autodeterminación, resulta profundamente incómodo para quienes históricamente han saqueado recursos desde el Norte. Al no poder imponer sanciones, se dedicaron a promover el desprestigio: primero contra el líder y, después del golpe de 2019, contra toda la izquierda. Sobre todo en una clase media que, aunque mejoró su posición económica gracias al auge del MAS, nunca asumió un compromiso político real.

Y un sector social sin compromiso político es mucho más vulnerable a la manipulación. Sabemos de sobra que Occidente es experto en eso: existen profesionales enteros dedicados a moldear la opinión pública en función de intereses económicos y geopolíticos.

Eso abrió nuevamente las puertas para que las oligarquías y los intereses extranjeros regresaran al gobierno y entregaran en bandeja de oro los recursos del país.

Recuerdo que, en el momento de las elecciones presidenciales, taché el voto nulo de insensato. Sin embargo, hoy entiendo que los votos nulos, sumados a los votos de izquierda, representaban una mayoría, aunque no absoluta. También fui bastante dura con los líderes divididos y con el propio pueblo. Pero hoy comprendo que, incluso si Evo hubiera podido participar en aquellas elecciones, probablemente no habría ganado ni siquiera en una segunda vuelta. Aun así, el voto nulo dejó claro que el apoyo a Evo seguía siendo masivo en amplios sectores populares.

No imaginé que esa fuerza volvería a hacerse visible tan pronto.

Este contexto de convulsión revela muchas cosas. Por un lado, una derecha que se mueve en los tejidos del engaño, sostenida por medios de comunicación que manipulan al sector menos comprometido, victimizándolo y sembrando miedo. Hacen viral la narrativa de que las marchas están financiadas por Evo Morales; que quienes protestan son “vándalos”, “criminales” o “terroristas” que deben ser silenciados porque “sitian” una ciudad hermosa que solo quiere trabajar y sacar al país adelante.

Repiten que los mineros, como siempre, llegan armados con dinamita y destruyen el asfalto; que los bloqueos son los responsables de la crisis económica; que el gobierno necesita “ayuda” extranjera para rescatar al país de la “miseria socialista”; y que los recortes, el aumento de los precios, las privatizaciones y las modificaciones de leyes constitucionales son culpa exclusiva de la gestión anterior.

Con esa narrativa intentan mantener engañado al sector menos politizado y justificar la represión violenta ejercida por el ejército y la policía, respaldada por intereses extranjeros y organismos alineados con ellos.

Lo que los medios no dicen es que la represión ya deja muertos, más de cien detenidos y una persecución contra líderes sociales que no pertenecen únicamente al evismo, sino a múltiples sectores: campesinos, maestros, mineros, obreros y organizaciones regionales. Personas que caminaron durante semanas para movilizarse y que no son una simple centena: son millones de los mismos que históricamente han dado la cara e incluso la vida.

Ninguno de los medios menciona realmente los motivos ni las demandas: incremento salarial para el sector obrero y el magisterio, defensa de los recursos naturales y de la tierra, denuncia de las promesas incumplidas del gobierno y la exigencia de una participación política digna desde los sectores populares, conscientes de que este gobierno no piensa concederla.

No se trata de un simple berrinche ni de un complot para tomar el poder. Se trata de distintos sectores que arriesgan su vida por su país, sin amedrentarse frente a un ejército al que consideran subordinado a intereses externos.

La represión contra mi gente valiente puede ser brutal, pero la semilla de la rebelión ya comienza a resonar en los países vecinos. Y si han de temernos, que sea porque los pueblos volverán a levantarse unidos, porque volveremos a ser millones junto a los pueblos del Abya Yala, y ningún ejército podrá borrar la fuerza de quienes luchan por dignidad, memoria y autodeterminación.

Jilatanaka kullakanaka, kutt’anipxañäniwa ukat waranqa waranqanakäñäniwa. Jallalla Bolivia.



EN THE INVISIBLE ONES 

Bolivia once again occupies headlines and takes center stage in a highly complex geopolitical scenario, crossed by the multiple tentacles of the same imperialist and colonial actor. In previous publications, I had already spoken about the dehumanizing process promoted by external interests to divide societies and make them more vulnerable to plunder. I even criticized the leadership of grassroots sectors that promoted the null vote and ultimately contributed to the failure of the last presidential elections.

My time in the country, specifically in the city of La Paz, revealed a far more complex reality to me. The left, and everything that even remotely resembled it, seemed to have disappeared: buried, silenced, as if someone wanted to erase it from collective memory. I saw indifference and coldness. I was struck by the absence of critical thinking and by the way small groups that took to the streets to protest were looked at with annoyance, even disgust: insignificant, uncomfortable, bothersome to a numbed city.

Later, I learned that in other places, such as Cochabamba, there was a much stronger combative spirit; a tremendous contrast with La Paz, the seat of government..

Now I understand that the silence I perceived during my stay was precisely the silence that precedes the storm. The sandcastle that government had built was beginning to collapse as it attempted to reintroduce measures and laws favorable to big business: a process that every government before 2006, without exception, had applied to make a few richer while the people grew poorer.

The revolutionary reforms that followed after 2006, with Evo Morales in government, showed the world that another model was possible. Visibility was given to those whom no one wanted to see: the “Indian.” A social and governmental model was built that included those who had previously been treated only as servants, the only role the oligarchy allowed for people from the countryside. Suddenly, those whose human worth had been stripped away by colonialism began to feel pride in their roots and to decide the future of their country.

The nationalization of resources opened the way to real improvements in daily life: it strengthened family economies, allowed investment in education, and lifted Bolivia from its position as the poorest country in South America. The oligarchs suffered from this change because, for the first time, the country’s wealth no longer benefited only them but also reached the Bolivian people.

But, as expected, a country that takes control of its resources and future — a country with self-determination — becomes deeply uncomfortable for those who have historically looted resources from the Global North. Unable to impose sanctions, they turned to discredit campaigns: first against the leader, and after the 2019 coup, against the entire left. Especially among a middle class that, although it improved economically thanks to the MAS boom, never developed a real political commitment.

And a social sector without political commitment is far more vulnerable to manipulation. We know well that the West is an expert at this: entire professionals are dedicated to shaping public opinion according to economic and geopolitical interests.

This once again opened the door for oligarchies and foreign interests to return to government and hand over the country’s resources on a silver platter.

I remember that, during the presidential elections, I called the null vote senseless. However, today I understand that null votes, combined with left-wing votes, represented a majority, though not an absolute one. I was also harsh with divided leaders and with the people themselves. But today I understand that even if Evo had been allowed to participate in those elections, he probably would not have won, not even in a second round. Even so, the null vote made clear that support for Evo remained massive among broad popular sectors.

I did not imagine that this force would become visible again so soon.

This context of upheaval reveals many things. On the one hand, a right wing that moves through networks of deception, supported by media outlets that manipulate the less politically engaged sectors, victimizing them and spreading fear. They push the narrative that the marches are financed by Evo Morales; that the protesters are “vandals,” “criminals,” or “terrorists” who must be silenced because they are “besieging” a beautiful city that only wants to work and move the country forward.

They repeat that miners, as always, arrive armed with dynamite and destroy the roads; that the blockades are responsible for the economic crisis; that the government needs foreign “help” to rescue the country from “socialist misery”; and that budget cuts, rising prices, privatizations, and constitutional changes are solely the fault of the previous administration.

With this narrative, they seek to keep the least politicized sectors deceived and justify violent repression carried out by the army and police, backed by foreign interests and aligned organizations.

What the media do not say is that the repression has already left deaths, more than one hundred detainees, and persecution against social leaders who do not belong only to the “evismo,” but to multiple sectors: peasants, teachers, miners, workers, and regional organizations. People who walked for weeks to mobilize and who are not just a few hundred: they are millions of the same people who have historically put their bodies and even their lives on the line.

None of the media truly mention the reasons or demands: wage increases for workers and teachers, defense of natural resources and land, denunciation of the government’s unfulfilled promises, and the demand for dignified political participation from popular sectors, fully aware that this government has no intention of granting it.

This is not a mere tantrum or a conspiracy to seize power. It is about different sectors risking their lives for their country, unafraid of an army they consider subordinate to external interests.

The repression against my brave people may be brutal, but the seed of rebellion is already beginning to echo throughout neighboring countries. And if they are to fear us, let it be because the peoples will rise united once again, because we will once more be millions alongside the peoples of Abya Yala, and no army will be able to erase the strength of those who fight for dignity, memory, and self-determination.


Jilatanaka kullakanaka, kutt’anipxañäniwa ukat waranqa waranqanakäñäniwa. Jallalla Bolivia.



NL DE ONZICHTBAREN

Bolivia staat opnieuw in de schijnwerpers en speelt een hoofdrol in een uiterst complex geopolitiek scenario, doorkruist door de vele tentakels van dezelfde imperialistische en koloniale macht. In eerdere publicaties sprak ik al over het ontmenselijkingsproces dat door externe belangen wordt bevorderd om samenlevingen te verdelen en kwetsbaarder te maken voor plundering. Ik uitte zelfs kritiek op het leiderschap van bepaalde basissectoren die de blanco stem promootten en zo bijdroegen aan het mislukken van de laatste presidentsverkiezingen.

Mijn verblijf in het land, meer bepaald in La Paz, onthulde voor mij een veel complexere realiteit. Links, en alles wat daar ook maar enigszins op leek, leek verdwenen: begraven, het zwijgen opgelegd, alsof men het uit het collectieve geheugen wilde wissen. Ik zag onverschilligheid en kilte. Wat mij vooral trof, was het gebrek aan kritisch denken en de manier waarop kleine groepen die de straat op gingen om te protesteren met irritatie, zelfs afkeer, werden bekeken: onbeduidend, lastig, hinderlijk voor een verdoofde stad.

Later hoorde ik dat er in andere plaatsen, zoals Cochabamba, een veel grotere strijdlust bestond; een enorm contrast met La Paz, de regeringszetel van het land

Nu begrijp ik dat de stilte die ik tijdens mijn verblijf waarnam precies de stilte was die aan de storm voorafgaat. Het zandkasteel dat die regering had opgebouwd begon in te storten toen zij opnieuw maatregelen en wetten wilde invoeren die gunstig waren voor grote ondernemers: een proces dat alle regeringen vóór 2006 zonder uitzondering toepasten om enkelen rijker te maken terwijl het volk armer werd.

De revolutionaire hervormingen die na 2006 onder Evo Morales werden doorgevoerd, toonden de wereld dat een ander model mogelijk was. Zichtbaarheid werd gegeven aan degenen die niemand wilde zien: de “indiaan”. Er werd een sociaal en politiek model opgebouwd dat mensen omvatte die vroeger enkel als dienstboden werden beschouwd, de enige plaats die de oligarchie aan mensen van het platteland toekende. Plots begonnen degenen van wie het kolonialisme hun menselijke waarde had afgenomen trots te voelen op hun afkomst en mee te beslissen over de toekomst van hun land.

De nationalisatie van de natuurlijke rijkdommen zorgde voor echte verbeteringen in het dagelijks leven: de koopkracht van gezinnen verbeterde, investeringen in onderwijs werden mogelijk en Bolivia verloor zijn positie als armste land van Zuid-Amerika. De oligarchen leden onder deze verandering omdat de rijkdom van het land voor het eerst niet alleen hen ten goede kwam, maar ook het Boliviaanse volk bereikte.

Maar zoals te verwachten viel, is een land dat controle neemt over zijn rijkdommen en zijn toekomst — een land met zelfbeschikking — bijzonder ongemakkelijk voor degenen die historisch gezien de rijkdommen van het Zuiden hebben geplunderd. Omdat sancties niet mogelijk waren, begonnen ze lastercampagnes: eerst tegen de leider en na de staatsgreep van 2019 tegen heel links. Vooral binnen een middenklasse die economisch profiteerde van de bloei van de MAS, maar nooit een echte politieke betrokkenheid ontwikkelde.

En een sociale sector zonder politieke betrokkenheid is veel kwetsbaarder voor manipulatie. We weten maar al te goed dat het Westen hier expert in is: hele groepen professionals houden zich bezig met het vormen van de publieke opinie volgens economische en geopolitieke belangen.

Zo werd opnieuw de deur geopend voor oligarchieën en buitenlandse belangen om terug te keren aan de macht en de rijkdommen van het land op een dienblad aan te bieden.

Ik herinner me dat ik tijdens de presidentsverkiezingen de blanco stem als zinloos bestempelde. Toch begrijp ik vandaag dat de blanco stemmen samen met de linkse stemmen een meerderheid vormden, al was het geen absolute meerderheid. Ik was ook hard voor de verdeelde leiders en voor het volk zelf. Maar vandaag begrijp ik dat zelfs als Evo had mogen deelnemen aan die verkiezingen, hij waarschijnlijk niet eens in een tweede ronde zou hebben gewonnen. Toch maakte de blanco stem duidelijk dat de steun voor Evo onder brede volkssectoren nog steeds enorm was.

Ik had niet gedacht dat die kracht zo snel opnieuw zichtbaar zou worden.

Deze context van onrust onthult veel. Enerzijds is er een rechterzijde die zich beweegt binnen netwerken van misleiding, gesteund door media die de minst politiek betrokken sectoren manipuleren, hen als slachtoffers voorstellen en angst zaaien. Ze verspreiden het verhaal dat de marsen worden gefinancierd door Evo Morales; dat de demonstranten “vandalen”, “criminelen” of “terroristen” zijn die het zwijgen moeten worden opgelegd omdat zij een mooie stad “belegeren” die enkel wil werken en het land vooruithelpen.

Ze herhalen dat mijnwerkers, zoals altijd, met dynamiet komen en wegen vernielen; dat de blokkades verantwoordelijk zijn voor de economische crisis; dat de regering buitenlandse “hulp” nodig heeft om het land te redden van de “socialistische ellende”; en dat besparingen, prijsstijgingen, privatiseringen en grondwetswijzigingen uitsluitend de schuld zijn van de vorige regering.

Met dat verhaal proberen ze de minst gepolitiseerde sectoren misleid te houden en gewelddadige repressie door leger en politie te rechtvaardigen, gesteund door buitenlandse belangen en daarmee verbonden organisaties.

Wat de media niet zeggen, is dat de repressie al doden, meer dan honderd arrestaties en vervolging van sociale leiders heeft veroorzaakt — niet alleen van het “evismo”, maar van verschillende sectoren: boeren, leraren, mijnwerkers, arbeiders en regionale organisaties. Mensen die wekenlang hebben gelopen om zich te mobiliseren en die geen kleine minderheid vormen: het zijn miljoenen van dezelfde mensen die historisch gezien hun lichaam en zelfs hun leven hebben ingezet.

Geen enkel medium vermeldt werkelijk de redenen of eisen: loonsverhogingen voor arbeiders en leerkrachten, verdediging van natuurlijke rijkdommen en land, aanklacht tegen de niet nagekomen beloften van de regering en de eis voor waardige politieke participatie van de volkssectoren, die zich ervan bewust zijn dat deze regering dat niet zal toestaan.

Dit is geen simpele driftbui of een complot om de macht te grijpen. Het gaat om verschillende sectoren die hun leven riskeren voor hun land, zonder angst voor een leger dat zij zien als onderworpen aan buitenlandse belangen.

De repressie tegen mijn moedige volk kan hard zijn, maar het zaad van de opstand begint al weerklank te vinden in de buurlanden. En als men ons moet vrezen, laat het dan zijn omdat de volkeren opnieuw verenigd zullen opstaan, omdat wij opnieuw miljoenen zullen zijn samen met de volkeren van Abya Yala, en geen enkel leger de kracht kan uitwissen van hen die strijden voor waardigheid, geheugen en zelfbeschikking.

Jilatanaka kullakanaka, kutt’anipxañäniwa ukat waranqa waranqanakäñäniwa. Jallalla Bolivia.

PT OS INVISÍVEIS

A Bolívia volta a ocupar manchetes e protagonismo em um cenário geopolítico extremamente complexo, atravessado pelos múltiplos tentáculos do mesmo ator imperialista e colonial. Em publicações anteriores, eu já havia falado sobre o processo desumanizador promovido por interesses externos para dividir as sociedades e torná-las mais vulneráveis ao saque. Inclusive critiquei a liderança de setores de base que impulsionaram o voto nulo e acabaram contribuindo para o fracasso das últimas eleições presidenciais.

Minha passagem pelo país, especificamente pela cidade de La Paz, revelou uma realidade muito mais complexa. A esquerda, e tudo aquilo que minimamente se parecesse com ela, parecia ter desaparecido: enterrada, silenciada, como se quisessem apagá-la da memória coletiva. Vi indiferença e frieza. Surpreendeu-me a ausência de pensamento crítico e a maneira como pequenos grupos que saíam às ruas para protestar eram vistos com incômodo e até desprezo: insignificantes, inconvenientes, perturbadores para uma cidade anestesiada.

Depois soube que em outros lugares, como Cochabamba, existia uma constância combativa muito maior; um contraste enorme com La Paz, sede do governo do país

Agora entendo que aquele silêncio que percebi durante minha estadia era justamente o silêncio que antecede a tempestade. O castelo de areia que aquele governo havia construído começava a desmoronar ao tentar reimplantar medidas e leis favoráveis aos grandes empresários: um processo que todos os governos anteriores a 2006, sem exceção, haviam utilizado para enriquecer alguns poucos enquanto o povo empobrecia.

As reformas revolucionárias iniciadas após 2006, com Evo Morales no governo, mostraram ao mundo que outro modelo era possível. Deu-se visibilidade a quem ninguém queria ver: o “índio”. Foi construído um modelo social e governamental que incluiu aqueles que antes eram vistos apenas como servidão, o único espaço que a oligarquia concedia aos que vinham do campo. De repente, aqueles a quem o colonialismo havia roubado o valor humano passaram a sentir orgulho de suas raízes e a decidir o futuro de seu país.

A nacionalização dos recursos abriu caminho para melhorias reais na vida cotidiana: fortaleceu a economia familiar, permitiu investir em educação e tirou a Bolívia da posição de país mais pobre da América do Sul. Os oligarcas sofreram com essa mudança porque, pela primeira vez, os benefícios deixaram de se concentrar apenas neles e começaram a alcançar o povo boliviano.

Mas, como era de se esperar, um país que assume o controle de seus recursos e de seu futuro — um país com autodeterminação — torna-se profundamente incômodo para aqueles que historicamente saqueiam riquezas do Sul Global. Sem poder impor sanções, passaram a promover campanhas de desprestígio: primeiro contra o líder e, depois do golpe de 2019, contra toda a esquerda. Principalmente em uma classe média que, embora tenha melhorado economicamente graças ao auge do MAS, nunca assumiu um compromisso político real.

E um setor social sem compromisso político é muito mais vulnerável à manipulação. Sabemos muito bem que o Ocidente é especialista nisso: existem profissionais inteiros dedicados a moldar a opinião pública de acordo com interesses econômicos e geopolíticos.

Isso abriu novamente as portas para que oligarquias e interesses estrangeiros retornassem ao governo e entregassem os recursos do país em bandeja de prata.

Lembro que, durante as eleições presidenciais, considerei o voto nulo um erro sem sentido. No entanto, hoje entendo que os votos nulos, somados aos votos da esquerda, representavam uma maioria, ainda que não absoluta. Também fui dura com os líderes divididos e com o próprio povo. Mas hoje compreendo que, mesmo que Evo tivesse podido participar daquelas eleições, provavelmente não teria vencido nem mesmo em um segundo turno. Ainda assim, o voto nulo deixou claro que o apoio a Evo seguia massivo em amplos setores populares.

Não imaginei que essa força voltaria a se tornar visível tão rapidamente.

Esse contexto de convulsão revela muitas coisas. Por um lado, uma direita que se move através das redes da manipulação, sustentada por meios de comunicação que manipulam os setores menos politizados, vitimizando-os e espalhando medo. Difundem a narrativa de que as marchas são financiadas por Evo Morales; que os manifestantes são “vândalos”, “criminosos” ou “terroristas” que precisam ser silenciados porque “cercam” uma bela cidade que só quer trabalhar e fazer o país avançar.

Repetem que os mineiros, como sempre, chegam armados com dinamite e destroem estradas; que os bloqueios são os responsáveis pela crise econômica; que o governo precisa de “ajuda” estrangeira para salvar o país da “miséria socialista”; e que cortes, aumento de preços, privatizações e mudanças constitucionais são culpa exclusiva da gestão anterior.

Com essa narrativa procuram manter enganados os setores menos politizados e justificar a repressão violenta exercida pelo exército e pela polícia, apoiada por interesses estrangeiros e organizações alinhadas a eles.

O que os meios de comunicação não dizem é que a repressão já deixou mortos, mais de cem detidos e perseguição contra líderes sociais que não pertencem apenas ao “evismo”, mas a diversos setores: camponeses, professores, mineiros, operários e organizações regionais. Pessoas que caminharam durante semanas para se mobilizar e que não são apenas uma centena: são milhões dos mesmos que historicamente deram o corpo e até a vida.

Nenhum meio realmente menciona os motivos ou as reivindicações: aumento salarial para trabalhadores e professores, defesa dos recursos naturais e da terra, denúncia das promessas não cumpridas do governo e exigência de uma participação política digna dos setores populares, conscientes de que este governo não pretende concedê-la.

Não se trata de um simples capricho nem de uma conspiração para tomar o poder. Trata-se de diferentes setores arriscando a própria vida por seu país, sem se intimidar diante de um exército que consideram subordinado a interesses externos.

A repressão contra meu povo valente pode ser brutal, mas a semente da rebelião já começa a ecoar nos países vizinhos. E se devem nos temer, que seja porque os povos voltarão a se levantar unidos, porque voltaremos a ser milhões junto aos povos do Abya Yala, e nenhum exército conseguirá apagar a força daqueles que lutam por dignidade, memória e autodeterminação.

Jilatanaka kullakanaka, kutt’anipxañäniwa ukat waranqa waranqanakäñäniwa. Jallalla Bolivia.

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